Decir esta frase y que te dure la pose las tres primeras cervezas y el cuidado de comer postre solo una vez al día. Para mí las vacaciones son lo más parecido a una viñeta de Forges: ni vuelos internacionales, ni ampollas en los pies, ni cámara de fotos; y sí siestas en el sofá, chiringuitos y postres.

No hay nada en este mundo menos mainstream que mis vacaciones. Es más, son tan poco modélicas que no se las recomiendo a nadie. Quizá por eso, cuando se terminan, no me ruedan los lagrimones por el escote. O quizá sea porque la vida fuera no me amarga.

Volveré a Madrid con la ropa prieta, la piel morena y unas ganas locas de sustituir postres por infusiones

Sea como fuere, volveré a Madrid con la ropa prieta, la piel morena y unas ganas locas de sustituir postres por infusiones. Y con la idea renovada de trazar un plan que me permita dejar aquello y venir a vivir de esto.

No sé cómo lo conseguiré ni cuándo, pero supongo que cuando los psicólogos le recomiendan a una marcarse objetivos vitales, se refieren a esto: ¿Ves la luna? Pues te vas a pasar la vida intentando bajártela. En mi caso, no será la luna, pero sí el sol.

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