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¿Después de haber leído 132 microrrelatos de estudiantes, considera que hay inquietud literaria entre los jóvenes?
Sin duda. Estoy sorprendido del nivel tan bueno que he encontrado entre los escolares. Todos han despertado mi interés por un motivo u otro. Ya sea por la temática o por el enfoque que le ha dado el propio autor. Me esperaba temáticas más infantiles o que se movieran en el terreno de lo fantástico, pero hay de todo; incluso me he encontrado con relatos que parodian a novelas muy conocidas. Hay mucho ingenio y madurez. Eso de que los jóvenes no leen es una generalización. Habrá muchos que no, y otros que sí.

¿El microrrelato puede ser una buena apuesta para iniciarse en la escritura?
Ciertamente. El mircorrelato está a medio camino entre la poesía y la narrativa. Puede ser una reflexión… En cualquier caso, es una buena sala de máquinas. Pero también es una estación de llegada, porque escribir microrrelatos no significa necesariamente tener que evolucionar a otros géneros. Es un género muy potente en sí mismo, que se ajusta perfectamente a los tiempos que corren, donde la instantaneidad lo impregna casi todo y hay poco tiempo para leer.

¿Cuál es el propósito más firme de un escritor?
Bueno, eso es discutible y repensable por uno mismo. Para mí, concretamente, una buena obra tiene que cambiar el lenguaje y cambiar el mundo. Creo que la gente joven esto lo tiene bastante claro. En cualquier caso, la literatura siempre tiene que perturbar con la belleza o el horror.

¿En qué está trabajando ahora Diego Doncel después de la publicación de “Amantes en el tiempo de la infamia”?
Pues estoy trabajando en un libro de poemas y una nueva novela, pero no puedo adelantar muchos más datos…

Texto: Eduardo Villanueva / Fotografía: José L. Gálvez

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