Historias de Plutón /
JOSE A. SECAS

Como no podía ser de otra manera, también existe un sitio web donde se consignan todos los días internacionales, mundiales, europeos y tradicionales de muchas causas, cosas, casos y causantes. Lo he mirado con el ánimo de averiguar, como simple motivo de inspiración, qué se celebraba el día que sale a la calle este semanario cultural y, cuál ha sido mi sorpresa al ver que, precisamente el lunes 10 de marzo, la fecha está libre. Entre el 9, día de la enfermedad renal en España y el 11, día europeo de las víctimas de terrorismo, el 10, pobrecino, se queda sin nada que celebrar. La verdad es que me lo han puesto a güebo porque resulta que es ahora cuando mi innata capacidad de inventiva e imaginación se dispara para buscar un motivo que merezca conmemorarse y entonces, como casi siempre, me surgen las dudas…

Un día internacional de estos, ¿quién se lo inventa?, ¿quién lo propone? Aparte de los que se ha sacado de la manga El Cortinglé y otros comerciantes más antiguos y más extranjeros del orbe consumista global, y los propuestos por esos tipos que cobran una pasta y no hacen nada y que se reúnen con sus auriculares y sus banderitas en las Naciones Unidas, no me consta que haya muchos más inventadores de “días de”. Supongo que con una petición popular de esas que le firmas a un voluntario con chaleco fosforito en una fotocopia pedorra o a través de un llamado vía Internet, se puede generar un movimiento social y reivindicativo lo suficientemente grande como para apropiarte de un día del año tal y como lo han hecho las mujeres trabajadoras o los padres (por no salir de los alrededores, ahora en marzo).

Un día internacional de estos, ¿quién se lo inventa?, ¿quién lo propone?

Y aquí empieza el desparrame, el incendio mental, la pedrada en todo lo alto, el desvaríe intrínseco, la tontuna sobrevenida y la ocurrencia tipo ventolera para generar propuestas coherentes (o no), justas (o no), necesarias (o no), o al menos, lógicas (o tampoco). Cualquiera puede barrer para casa y mirarse el ombligo, mirar alrededor y ver los ombligos necesitados de otros, o no mirar a ninguna parte y dejar que un ombligo enorme te abduzca y te lleve, vía conducto umbilical, al útero primigenio de la ocurrencia más sublime o del descubrimiento más oportuno. Da igual que me da lo mismo o, lo que viene siendo, me la reflanflinfa (aun sabiendo que esta palabra no viene en el diccionario). Vamos, que no me voy a mojar y no voy a promover ni a proponer tan siquiera, ningún día de nada; ¿por qué?, porque no quiero crearme enemigos. Estoy seguro de que mi sugerencia heriría susceptibilidades, despertaría envidias y recelos y, sabiendo como son algunos de mis paisanos (de mentalidad chiquinina, que diría mi padre), promovería zancadillas soterradas y chismes de corrillo con ánimo difamatorio. Así es que, que cada cual se asigne y se reserve el día 10 de marzo para celebrar su día de él mismo y de su propio mecanismo, de su no cumpleaños (a lo Alicias’ style) o de lo que le salga de donde sea. El caso es celebrar y conmemorar, jopé.

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