El último diente de leche
Víctor M. Jiménez

El señor Scrooge se despierta con una horrible taquicardia y el sabor ácido de las pesadillas pegado al paladar: “Una mala digestión la tiene cualquiera”, se dice.

A la luz del día, los fantasmas de la madrugada forman una niebla que se deshace con los dedos. La conciencia agitada se serena y vuelve al dique cuando comprueba las cuentas de activo en el balance.

Seamos sinceros: miles de señores Scrooge se pasean cada Navidad, con las barrigas repletas, sobre una alfombra de desdicha.

NOS importa un comino la cartografía de las desembocaduras y la soledad de los funerales.


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