Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

 (Las cigüeñas de Cáceres)

Sobre las espadañas otean con su mirada altiva el latido ocre de la vieja ciudad. Desde las almenas vigilan la quietud de los rincones con su serenidad, siempre atentas a los movimientos del tiempo detenido. Desde las torres sagradas escuchan los sones, las plegarias, los rezos de los fieles congregados en la atmósfera solemne de los templos seculares. En su memoria de generaciones guardan los sucesos que solo las piedras conservan intactos y los transmiten en medio del silencio con sus cantos a aquellos que transitan atentos a sus nidos.

Desde el cielo, con sus vuelos elegantes, las cigüeñas son las confidentes del entramado histórico que dormita calmado bajo sus alas, una vez superadas las turbulencias de las luchas sangrientas ya relegadas al pasado.

Ellas se adhieren al paisaje urbano con el fino entretejido de sus hogares entre el cielo y la tierra, entre el silencio y el bullicio, entre el pasado y el presente mirando el horizonte con la seguridad del visionario, con el reflejo en sus miradas del paso del muecín, del fraile, del guerrero, de las odaliscas, de las damas cristianas, de los artesanos y judíos…

Y durante una noche, cada año, acompañan entristecidas con sus crotoreos a una comitiva hechizada en búsqueda incesante de sus amores perdidos y a un padre despechado que las mira con tristeza y se esfuma con el alba.

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