Con ánimo de discrepar /
VÍCTOR CASCO

Creo que el único animal de todo el planeta Tierra que se avergüenza de su desnudez es el hombre… pero precisemos: no todo hombre. En occidente, y en algunas partes de oriente, sí, sin duda. Pero no en India, por lo menos, hasta hace un tiempo. Es curioso como el Islam por una parte y el puritanismo del Imperio Británico por la otra, han contribuido a sepultar la rica tradición de sexualidad y erotismo del continente indio, cuyo ejemplo más plástico son las esculturas del templo de Khajurabo. Otro tanto ocurrió con el Islam, metamorfoseado entre el siglo XIII y el siglo XIV al rigorismo: en el siglo XIII aún podíamos leer la extraordinaria obra del alfaquí tunecino Al-Tifasi “Esparcimiento de corazones” donde nos proponía un recorrido por el mundo de la sexualidad araboislámica. Y no era un caso aislado, abundando toda una literatura decidicada a la ciencia del coito o kutub al-nikab, barrida en los siglos siguientes.

El cuerpo desnudo no plantea tampoco mayores problemas en las tribus de Australia, o de África, o del Amazonas. Los pueblos de la antigüedad carecían de una noción del cuerpo con partes “nobles” y partes “vergonzosas”.

Se podría decir entonces que la civilización, cierta forma de civilización, es la creadora de la noción de “vergüenza”. Dicho de otra forma, que esa noción es puramente cultural.

Las religiones han moldeado nuestros usos del cuerpo y la sexualidad

Las religiones han moldeado nuestros usos del cuerpo y la sexualidad, y las religiones monosteístas muy especialmente han orientado el pudor según lo que complace a su dios.

“Sólo soy un estercolero; le pido a Nuestro Señor que cuando muera echen mi cuerpo a la basura para que lo devoren las aves y los perros”, exclama Ignacio de Loyola. Saco de inmundicias, en fin. El tema de la putrefacción, de los olores de descomposición acompañará la historia de occidente y la visión del cuerpo durante siglos. Con ello se transmite una idea poderosa: la muerte ya está en vida.

Son nociones que explican el triunfo y la penetración de una religión hasta en los lugares más ocultos de nuestra existencia. Milan Kundera opinaba que el cristianismo a través de la noción de pecado y confesión, ha penetrado hasta en la cama de los amantes. Hacer que se sientan culpables, porque el pecado, y la necesidad posterior de expiar a través del sacerdote, lleva a la Iglesia… Propagar la fe a través del remordimiento. ¡Avergonzaos de vuestro cuerpo!

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