Las crónicas de Cora
Cora Ibáñez

Las paredes del Gran Café se visten de paisajes costumbristas en blanco y negro. El blanco puro y tratado de un papel sobre la negra sombra de los pliegues.

Rostros curtidos de ancianos en un pueblo, con la música queda de los ruidos ajenos que rodean una pintura y se convierten después en grabados entre las manos de Francisco Domínguez Penis.

Sutiles pinceladas que nos deja el aguafuerte o la aguatinta a la lana de acero sobre una plancha de zinc.

El artista mira su obra y se ve reflejado en pequeños recuerdos de su vida. Al más puro estilo tradicional, intenta plasmar las expresiones de rostros gritando, de semblantes tristes y apagados o por el contrario miradas que recuerdan vivencias personales añoradas en su antiguo barrio.

La manera negra al bicarbonato de sodio produce esa imagen en negativo que el autor opera con ahínco para lograr la visión permanente de sus historias. Remembranzas y sorpresas en las que basa su motivación a la hora de elegir un tema sobre el que trabajar, para ir dominando la técnica, ganar la batalla al metal y su dureza. Como un desafío continuo en la búsqueda de nuevos retos. Esos que podemos apreciar entre las obras de esta magnífica colección.

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