Con ánimo de discrepar /
VÍCTOR CASCO

“La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero“.

Que levante la mano quien no haya escuchado o leído esta cita. De hecho, hace unos días leía en la prensa nacional esta frase. Claro que muy pocos, solo los que hayan leído el Juan de Mairena de Antonio Machado, sabrán que esa cita “continúa”, que no se queda ahí, que dice más, mucho más. Sepan ustedes que siempre es citada mal, incompleta y erróneamente. Y permitan, antes de revelarles la continuación de la frase, que les invite a leer el Juan de Mairena. Cómprenlo. Pídanselo de regalo para estas fiestas. Merece la pena, se lo aseguro.

El Juan de Mairena comienza así:

La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

Agamenón. – Conforme.

Su porquero. – No me convence.

Agamenón y su porquero discrepan… sobre la verdad. ¿Quien tiene razón? ¿Agamenón o su porquero?. ¡Extraordinario Machado! Ese comienzo del Mairena, cuando lo leí, me dejó boquiabierto.

Y sin embargo, cuántas veces se comete el mismo error, cuántas se reitera como un lugar común la cita, sin leerla, sin procurarse información.

“Mairena es el incansable e irónico preguntón —escribe Antonio Fernández Ferrer en su introducción a la edición del Juan de Mairena por Cátedra-Letras Hispanas— que no pretende resolver los interrogantes, sino plantearlos. Está plenamente convencido de la imposibilidad de alcanzar ninguna conclusión que pretenda ser verdad absoluta, pues la última palabra queda reservada  siempre al terreno de las creencias (“eso es lo que usted cree“)”.

Y es que —y aquí va otra cita del Mairena—

Que cada cual hable de sí mismo lo mejor que pueda, con esta advertencia a su prójimo: si por casualidad entiende usted algo de lo que digo, puede usted asegurar que yo lo entiendo de otro modo.


3 COMENTARIOS

  1. La Verdad, así como el Sol, no depende del estado de buena voluntad de ningún hombre, ni de todos los hombres puestos de acuerdo. Y es que la Verdad, es Verdad en sí misma; vive y permanece sin el Vº Bº de nadie. La Verdad, así como el Sol, es la misma para todos, lo que pasa es que, engañadamente, “cada uno se arrima a la sombra del árbol que más le cobija”. -El problema de ensombrarse es quedarse dormido, la morriña, el sueño. Hay que despertar del letargo existencial, del sueño de la vida, y abrir la ventana a la luz, a la Verdad,… al que dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, a Emanuel, a Jesucristo. ¡MARANATHA!

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