¿Cómo nace este proyecto?

Hace ya cuatro años, la compañía teatral de los Apretacocretas contó conmigo para componer la banda sonora de su espectáculo “La clase de los niños raros”, inspirada en el libro de Raúl Vacas y Tomás Hijo, “Niños raros”, que fue mi material de trabajo para componer la música, y de donde salió la canción “Niña búho”. Disfruté tanto que, meses más tarde, volví a trabajar sobre el libro para seguir poniendo música a los poemas de Raúl. Cuatro años después “Un mundo de niños raros” se ha hecho al fin realidad, con quince canciones, catorce poemas musicalizados del libro “Niños raros” y uno de “Abecé diario”, también de Raúl Vacas.

¿Cuál es su principal objetivo?

Cuando era pequeña apenas escuchaba música para niños. Me resultaba demasiado infantil y, en cierto modo, me molestaba que pensaran que no podía entender el mismo lenguaje musical que los adultos. Hoy, salvo honrosas excepciones, el panorama musical infantil es bastante pobre, es el reino de las bases midi y los conciertos en playback; y yo sentía que podía aportar mi granito de arena para cambiar esto, hacer música para niños con espíritu de niños, no de adultos; hacer música para los pequeños que también pudiese gustar a los mayores. Y, por supuesto, no tratar a los niños como si fuesen tontos. Esa ha sido mi máxima durante todo el proceso.

En un mundo en el que nos quieren a todos iguales, es necesario reclamar la autenticidad de cada individuo”

¿Y lo más destacado?

Uno de los puntos fuertes del disco es su variedad musical: romances cantados al estilo antiguo con un toque épico, canciones más latin-jazz, toques selváticos, remembranza de la chanson française, un poco de funky, de soul, una pizca de folk,… Algo muy curioso es que todos los que me han dado una valoración tienen en el disco una canción favorita diferente, y eso me encanta, porque significa que hemos conseguido llegar a un espectro muy amplio de gustos musicales, aunque todo el disco esté muy unificado.

¿Alguna vez entró en sus planes hacer música para niños?

Supongo que cuando uno sueña con dedicarse a la música, es inevitable fantasear de vez en cuando con llenar grandes estadios, ir a galas de postín y ser el número uno en la lista musical de turno. Luego, la realidad es otra y aprendes que eso poco o nada tiene que ver con la música. Música es dar un concierto y mirar al público a los ojos, comunicarte con ellos, hacerles reír o llorar; es que alguien te diga que le emociona lo que haces; es aprender algo nuevo cada vez que te subes a un escenario… Y ahora música es también para mí que me manden videos de papás y mamás bailando con sus hijos las canciones del nuevo disco. Una maravilla.

Música es aprender algo nuevo cada vez que te subes a un escenario

Los poemas de Raúl Vacas son su inspiración, ¿le ha facilitado la creación musical?

La verdad es que Raúl me lo ha puesto muy fácil. Musicalizar sus poemas ha resultado divertidísimo, fascinante y todo un ejercicio de imaginación.

Raúl Vacas es un poeta que juega con el lenguaje, lo transforma, y que, a través de un soneto con estrambote, un ovillejo, un martinete…, nos cuenta las diferentes historias de estos niños raros. El libro es toda una invitación para adultos y pequeños a respetar y amar la poesía, y mi objetivo al ponerles música fue siempre ser fiel al estilo literario de Raúl. Me he planteado la composición musical como un juego, apoyando y envolviendo los versos de Raúl, creando escenarios sonoros donde los personajes cuentan quiénes son a través de la palabra y la música.

¿Cómo valora el resultado?

Qué voy a decir yo, me siento orgullosísima. Desde mi perspectiva, “Un mundo de niños raros” ha sido un álbum que ha quedado tan redondo, como el planeta que aparece en la portada del disco. Los músicos que han participado en la grabación, los que se han encargado del diseño, el estudio de grabación, el propio Raúl…, todos se han volcado en este proyecto. Cuando estás en pleno proceso creativo, por muy claro que lo tengas, siempre surgen dudas e inseguridades, y sentirse tan arropada e impulsada por personas que apuestan por tus ideas no tiene precio. Si no fuese por ellos, el disco no hubiese sido posible.

Hoy, salvo honrosas excepciones, el panorama musical infantil es pobre

Dice que es un disco para niños de 0 a 99 años, ¿pero también raros?

Tanto el disco como la puesta en escena que hemos preparado para los conciertos son una reivindicación de la rareza. Ser raro es ser extraordinario, es salirse de lo común. En un mundo en el que nos quieren a todos iguales, pienso que es necesario reclamar la autenticidad de cada individuo para crear entre todos este mundo de niños raros; recuperar eso que nos hace especiales y convertirlo en nuestra bandera. Así que sí: hay que ser niño (sin importar la edad), hay que ser raro (porque todos lo somos) y, sobre todo, hay que tener ganas de jugar.

¿Tiene algún nuevo proyecto en marcha?

“Un mundo de niños raros” acaba de nacer, así que de momento quiero centrarme en este álbum y su gira, que arrancamos el 6 de abril en el Teatro de la Biblioteca Torrente Ballester de Salamanca. Tengo unas ganas tremendas de enfrentarme al público infantil en directo, va a ser todo un reto. Aunque compaginaré estos conciertos con los de “The darkest corners of my soul”, mi anterior disco, al que aún le queda mucho que decir; también con las bandas sonoras para audiovisuales y obras de teatro, un trabajo que adoro; y, por supuesto, en un próximo disco, que ya estoy pensando y para el que ya he compuesto nuevas canciones. Pero no tengo prisa ni fecha, de momento prefiero tomármelo con calma.


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