Desde mi ventana
Carmen Heras

Como la historia siempre la escriben los que ganan, este país juega a ser territorio de ganadores para seguir mereciendo un sitio en aquella. Sentirse el más completo, donde mejor se vive, el más moderno…Y para ello no valen los matices. Es preciso resumir: lo bueno y lo malo. No hay espacio para lo regular. Eso es de cobardes. De mediocres. O de advenedizos. Aquí se estila la pasión en estado puro. La navaja en la liga. El concepto rápido en el mensaje al uso necesita del empleo de frases cortas, de afirmaciones extremas, que algunos confunden con la plena acción. Y con el mérito. Con hacer política.

¡Que le vamos a hacer! Alguien dijo que tocaba tecnología y hemos virado hasta el ángulo ciego del extremo en la barra. Todo o casi todo debe ser así, lo dicen los modos deontológicos dominantes y ¡ay! de que no se habitúe a las circunstancias. La moda está para seguirla. Que uno acude a un pueblo de doscientos habitantes en un extremo cualquiera de cualquier autonomía y se tropieza con el personal llevando el chándal y las zapatillas deportivas camino del huerto donde están las acelgas para la comida. Y al hombro, el bolso moderno con el celular. Iguales todos en esta aldea gigantesca que nos han diseñado.

Cada vez más pronto, los niños tienen teléfono móvil. “Me hace falta” -justifican los peques-. “Me viene bien que lo tenga – sostienen los padres- para saber dónde está”. Para rastrearlos, por si se retrasan. Como si fueran puntos físicos en un mapa. Con exactitud. Nuestros jóvenes han aprendido a convivir con otros, a través de los recursos tecnológicos imperantes, desde que nacen. Menudo progreso lo de los algoritmos. Los algoritmos nos dicen lo que debemos leer, las películas que van a interesarnos, cuál es el cocinero y el local de moda, la ropa que hemos de vestir para llevar las últimas tendencias de los influencers, el último corte de pelo, si te retrasas en terminar de ver una película…Facebook te ofrece los grupos en lo que debes estar, las aficiones a mantener, lo que puedes o no considerar adecuado en tu vida, cómo interpretar las imágenes que envían las agencias…Ya no es preciso pensar, ni casi disponer de criterio propio, solo hay que saber manejarse en la nube, instalar las aplicaciones y abrirlas…

Una empieza a sentir el agobio caminando a su vera. Como una sombra. Nada que ver con los cotilleos de otros tiempos, cuando, al menos, transcurría un día entre el hecho y la difusión de la noticia. Ahora todo va en el momento. Llegan los niños marroquíes a Ceuta y tú los sigues en el teléfono de un conocido con contactos en la zona. El envío de vídeos sobre cualquier asunto, a través de las redes, es algo habitual. De lo primero que aprendes cuando tienes un teléfono nuevo. También cómo usar dinero sin tenerlo físicamente, lo absurdo que es manejar billetes o monedas cuando pagas a escote, mejor el bizum. Y lo mismo si buscas amigos circunstánciales para pasar una tarde. Que entras en el grupo de wassap preparado al efecto y ¡zas! encuentras un montón de personas con tus mismas aficiones. Oye, una maravilla…

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