Mi ojito derecho
Clorinda Power

Mi compañera de trabajo, mi aliada más querida, se está de vacaciones y me ha dejado sola ante el peligro. Durante 10 días no he tenido tiempo ni de leer el periódico. Y cómo voy a saber que tengo que andarme con cien ojos, que tengo que poner a salvo mis ahorros, que tengo que abrazarme a mi puesto de trabajo, si no tengo tiempo para leer a Rafael Hernando avisar de que Pedro Sánchez quiere dejar España hecha unos zorros.

Hoy abro el periódico –no por placer, sino para tener algo que contaros– y me encuentro con una foto, de las que se cuelgan en Facebook, de unas pizzas, y debajo, la de unos señores muy bien estirados y planchados. La composición me está pidiendo a gritos que elija entre la foto de “aquí, con los compis, la noche antes de entregar el proyecto fin de máster” y la de “aquí, de junta de vecinos”. Madre mía. Soraya, que lleva toda la vida teniendo 47 años, queriendo parecerse a la brisa fresca de la mañana. Y Pablo, que tiene 37 años, ejemplo de esos pijos de España (y de Cáceres), para los que ir de sport es llevar la misma ropa de viejo de siempre pero con un botón de la camisa desabrochado.

¿Y se supone que tengo que elegir? Pues me quedo con Pablo.

Mira, Soraya, a mí podrán subirme un 37 % el alquiler sin siquiera pintarme las paredes, podrán pedirme 3,75 € por una Maestra de Mahou en un bareto de barrio, podrán subirme el corte de pelo 5 € de la noche a la mañana, pero en mi mesa, mientras haya comida, sosteniendo esa comida habrá un plato, y debajo de ese plato, un mantel. Limpio y, como me ponga flamenca, planchado.

Mientras haya comida, sosteniendo esa comida habrá un plato, y debajo de ese plato, un mantel

Así que, Soraya, pídele a la office manager de Génova que compre una vajilla, no hace falta que sea de La Cartuja, con una de Duralex os hacéis el apaño; una cubertería, que no sea de plata que cuesta mucho limpiarla, y una cristalería basiquita, nada de bohemia que se rompen al primer brindis. Y por favor, unos rollos de papel que hagan de mantel, como los de los chiringuitos de la playa. Que no me quiero imaginar las manchas de grasa que habréis dejado en la mesa de salvar España.

Pizza sí, pero con un poquito de por favor. Siempre.

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