Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

A mí lo que de verdad me ponía cachondo antes de entrar en combate, ¡joder, cómo echo de menos aquellos tiempos!, no sé si por la edad que tenía entonces, o por lo que hacíamos, aunque todo ha devenido en tremenda vaina pelona, ¡todo se ha ido pal carajo!, ¡en menuda peste bubónica ha terminado todo, parece mentira!, ¡cagüendiez!, digo, que lo que me gustaba, y mucho, antes de entrar en combate, antes de cargar las armas, o mientras las cargábamos, cuando en los mapas veíamos las posiciones de nuestros adversarios, ¡qué mierda a nuestros adversarios, a los hijosdelagranputa que teníamos por enemigos!, era escuchar música clásica, y no toda me daba igual, no; al pesao de Monteverdi lo escuchaba en soledad, sin nadie a mi alrededor, a Mozart como música de fondo, y decía para mis adentros, me preguntaba, ¿y si Mozart solo buscara la belleza?, a Beethoven cuando escribía, y antes de entrar en combate me gustaba, me humedeaba la boca, Rossini, ¡qué tío!, y para la música de fiesta, saben ustedes que no siempre estábamos guerreando y con el kaláshnikov activo, ¿verdad?, lo que sonaba en aquel tocadiscos a pilas gordas que alguien se había traído a la sierra era la música tradicional de los garífunos, sus Puntas, y también Polkas y Mazurcas, ¡claro!, ¡y cómo no, los bailables Palos de Mayo de la costa Caribeña!

Un franciscano que en tiempos estuvo parao en el monte con los sandinistas

Quien habla es el invitado estrella de este mes en el rancho nicaragüense de El Retiro; durante el año, los propietarios, la familia Enríquez-Cortés y sus amigos de la “izquierda divina” (en francés queda mejor, suena diferente, “divine gauche”), invitan el tercer fin de semana de cada mes a un personaje, y hoy está con ellos (ha venido desde Madrid, donde vive) el padre Paltrinam, un franciscano que en tiempos estuvo parao en el monte con los sandinistas, entonces le llamaban Padre Gatillo, y su frase, repetida en los periódicos de entonces no dejaba duda, <<el fin último de todo revolucionario, cristiano o no, es la victoria>>.

¡¿Arrepentirme, qué va, hombre, cómo voy a arrepentirme si aquellos años fueron los mejores de mi vida, carajo!?, a lo mejor no hubiera hecho ciertas cosas, o no tantas veces, jajajajaja, y tal vez a mi pobre alma le hubiese convenido rezar más, pero arrepentirme, jamás, ¡jamás!; y me queda todo por hacer el resto de mi vida: aprender, desaprender, llorar, reír, cantar, amar… ¿Que si volvería a empuñar un arma?, le contestaré con otra pregunta, ¿ha leído usted, de Dostoievski, Los Demonios?, pues eso.

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