Las vueltas que se le está dando a la construcción de una gasolinera low cost en el barrio de La Mejostilla  tiene tintes de convertir en una de tantas situaciones rocambolescas que ofrece Cáceres demasiado a menudo. Parece que la ciudad tiene una innata cualidad por la que muchos asuntos se enroscan de tal forma que parece que hallar para determinadas situaciones parece una solución es misión imposible.

La situación en principio sencilla: un empresario se interesa por un terreno para instalar un negocio, el ayuntamiento da la licencia necesaria, los vecinos no están de acuerdo, pero en vez de buscar una solución, se produce un enfrentamiento. Ahora estas protestas llegan al Parlamento extremeño, que presente una moción para instar al ayuntamiento cacereño a parar las obras y le sugiere que se construya dicha gasolinera en el parque empresarial sito quinientos metros más abajo. Si bien cabe preguntarse si el Parlamento tiene competencias para poder parar esa obra, parece que la solución que plantea no es una locura aunque ahora plantearía otros problemas. La propuesta fue planteada de manera conjunta por los tres grupos de la oposición (PSOE, IU-Verdes y Prex Crex) y rechazada por los populares.

Exactamente, lo que el Parlamento de Extremadura acordó  en pleno fue instar al Ayuntamiento a paralizar la construcción de la gasolinera ‘low cost’ y a propiciar un diálogo con promotores, vecinos y la Asociación de Madres y Padres del colegio Nazaret (cercano a la instalación), con el objetivo de buscar una solución. La verdad es que el diálogo puede que no sea precisamente el punto más fuerte de este gobierno local, como ya se ha visto en otras ocasiones.

La gasolinera, que dará autoservicio veinticuatro horas al día, se encuentra en un avanzado estado de construcción, ha generado numerosas protestas de los vecinos, que se niegan a que se abra por razones sanitarias y de seguridad.. Los afectados, que han creado una plataforma y han protagonizado varias protestas han recogido 1.500 firmas contra la misma.

La lógica dice que ante una actividad de este tipo y  situándose la gasolinera tan cerca del colegio, al que acuden unos seiscientos niños a diario, lo mejor hubiera sido tener un poco de cintura política, y haber buscado soluciones, o, no haber empezado las obras hasta no haber tenido un consenso sobre dónde construirla. Pero eso lo dice la lógica.

Por este motivo, ahora Cáceres se encuentra con una situación rocambolesca: vecinos molestos, una gasolinera a medio construir y una moción del parlamento extremeño para  paralizar las obras. Vamos, un sin sentido sin lógica ni fácil solución, ya que se tome la que se tome, nadie quedará contento. Este martes, la alcaldesa, Elena Nevado, se reunirá con la plataforma vecinal para tratar el asunto. La lógica dice que este encuentro debería haberse producido mucho antes.

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