Reflexiones de un tenor /
ALONSO TORRES

Uno se hace mayor, en mi caso, cuando los problemas dejaron de ser chungos para convertirse en insufribles e insoportables (agotadores, mancilladotes e insalvables, tienes que rodearlos, no puedes hacer otra cosa). Mantiene Faulkner, el mismo que escribió “Los invencibles” (aunque debería titularse “Las invencibles”, porque las mujeres del Sur, abuelas, madres, esposas, novias, hermanas… en Guerra de Secesión Norteamericana, no se rindieron jamás como sí hiciera el mismísimo general Lee, Dios Lo Tenga En Su gloria; ¿alguien ha leído de Gurganus “La última viuda de la Confederación lo cuenta todo”, editorial Anagrama? Pues si quieren pasar un muy buen rato háganlo si no lo han hecho todavía), digo que Faulkner mantenía que <<la gran literatura es la que nos prepara para la tragedia>>, ¡qué hijodeputa, cuánta razón!

Lo conocía de vista de Cáceres, o sea, de toda la vida, arriba y abajo, tontódromo parriba, tontódromo pabajo, y sabía que era fotógrafo porque siempre esgrimía sus “armas” con orgullo, colgadas del cuello y listas para funcionar, además había visto fotos suyas en algún periódico, pero a raíz de empezar a colaborar yo en “Avuelapluma” (que sí, padre, que sí, que un día de estos escribiré una tórpida columna de las mías dedicadas al Atlético de Madrid, el club de tus amores) supe quién era, en persona, Juan Guerrero, que se nos acaba de ir así, rápida y trágicamente (¡mierda!). Tenía una serie de chascarrillos parecidos o iguales a los de mi abuela Gene, y eso me lo hacía muy querido. Nos saludábamos, cuando nos veíamos (por la calle, en el periódico o en eventos varios), a lo militar (yo, que no fui a eso de la “mili” por inútil). “Mi coronel”, le decía, y él me contestaba, “descanse, soldado”. Seguidamente, como el sabía de mis querencias republicanas, me preguntaba por mi hijo en plan, “¿dónde anda el Infante?”, a lo que yo le respondía, “secuestrado por el estado, en el colegio”. Y para terminar, él, siempre me daba en los hocicos, “¿Sabes que El Generalísimo lo dejó todo atado y bien atado?”. Y nos reíamos del estado de las cosas (sólidas, líquidas y gaseosas).

Desde que nació mi hijo él lo ha ido fotografiado cuando se lo hemos pedido (tengo en el correo del ordenador las últimas que le hiciera al Infante), en el Parque de Cánovas, en la Parte Antigua, en conciertos o exposiciones, en fiestas paganas y religiosas de esas que abundan en el calendario cacerense, y maldita la gracia que me hace que ya, desde ahora, el encuadre de la fotografía cambie y sea cenital. Juanito, de verdad, te queremos.

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