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Cine /
EMILIO LUNA

Ryan Gosling invoca a Winding Refn en Lost River.

Ni en las premieres de la Competición hay tanta expectación. Ayudaba mucho el desconocimiento previo. Ninguna referencia. Tan sólo varias imágenes y un críptico clip publicado el día anterior. Se trataba del debut del Golden Boy de Cannes, que hacía su tercera visita a la Costa Azul —tras Blue Valentine (2010) y Drive (2011)— con su debut en la dirección titulado Lost River. Colas kilométricas y empujones por doquier para ver este thriller apocalíptico con toques de fantasía que dejan al descubierto de forma inmediata sus referencias. El aroma del cine de Nicolas Winding Refn y David Lynch pulula en cada centímetro del rollo de celuloide. Atmósfera opresiva, fotografía de primer nivel —fantástico Benoît Debie— y un envoltorio sonoro de primer nivel acompañan a esta ópera prima que, como era de esperar, se ha llevado más silbidos que aplausos.

Principalmente, por la pretenciosidad de un debutante que ha querido saltarse varios pasos y igualarse con los cineastas anteriormente citados. Algo que se puede también tildar de valentía. La prensa ha sido muy dura con el actor canadiense pero también ha dejado entrever que hay talento tras esa cámara neófita. Para una franca minoría estamos ante una cinta que aspirará a ser calificada de culto. Sea como fuere, Gosling ha dado el primer paso. Veremos cuál será el siguiente. Suponemos que siempre atado a una carrera de interprete en standby tras el anuncio de su paso a la realización. Por lo pronto, ya ha igualado al Winding Refn en cuanto a abucheos este año. El tiempo dirá si su presencia en Cannes este 2014 tiene que ver con su fama o con esa aptitud por explotar.

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