Cotidiario /
HERNÁN PACHECO PUIG

Acaso no sea cierto y sin más la lluvia nos moje a todos por igual, pues así ante la muerte todo se iguala, esté o no esté ésta un brazo a nuestra izquierda. Acaso no tiemblen nuestros nombres en ningún papel ni Caín matara a Abel. Acaso el espejo devuelva una cara sonriente cuando se enfrenta con dolor. Acaso estar perdido es encontrarse de algún modo perverso. Acaso no podamos evitar que nos ataquen con tan poco escrúpulo y con tanta impunidad pues se asume que el golpe no será devuelto, al modo en que uno habla un idioma y otro, otro. Si el lenguaje es nuestra segunda piel y la mentira se institucionaliza y convierte en proceder, así estamos hoy: despellejados de todo aquello que nos hace ser humano y que parece que despreciamos. No es tu carne sino tu carnaza lo que se busca, y en tanto tanteamos lo que no palpita ni podrá resucitar. Acaso es la vida lo que agoniza y será al fin ceniza, como un brote verde a la mentira. Son vuestros hijos los que habrán de ponerse el freno y morder el bocado, son ellos los que deberán andar girando la muela de piedra mientras delinean con el yugo la palabra sempiterno. Acaso los padres desprecien el legado, pues tan poco hacen para evitarlo. Acaso yo solo sea un bocazas, un soñador despreciable, un triste prisionero de los libros, un decadente que no sabe en qué siglo vive y que no deja de preguntarse angustiosamente, qué, cuándo, cómo, por qué con tanta tristeza. Acaso la guerra ha acabado hace demasiado tiempo y aún no lo sé y no lo he podido asumir. Acaso solo soy un imbécil por andar preguntando desde estas líneas que no existen para nadie, ni siquiera para quienes me publican y tras siete años apegados e insistentes en que no he dejado de ser las cuatro letras melancólicas e inútiles en que me he convertido contra mí mismo y tan consistentemente. Acaso de nuevo. Acaso otra vez. Acaso sea la lluvia. Acaso esto solo sea el ocaso que no hay que deshacer.


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