Las pirámides de Egipto, los templos de Angkor, la ciudadela de Machu Picchu… En Extremadura también hay ruinas increíbles, que no son tan conocidas, ni tan manidas como esas que acabo de nombrar. Algunos de estos monumentos se encuentran en la Lista Roja del colectivo Hispania Nostra, ya que están en un profundo estado de deterioro. Olvidados en su propia ruina, son testigos de la época en la que se construyeron. El silencio suele rodear a estas construcciones; pero si te acercas podrás observar cómo sus paredes, muros y torres hablan de un tiempo pasado que aglutina el crisol cultural que configura el  paisaje extremeño. 

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1. La ermita de San Jorge

Junto a la Torre de los Mogollones, que se erige en las llanuras que rodean la capital cacereña, se encuentra esta misteriosa ermita sumergida: la ermita de San Jorge. Sumergida porque se ubica sobre un estanque que en época de grandes lluvias (como la actual) hunde, literalmente, esta construcción. Un espacio que solo habla a través de sus piedras, puesto que se desconoce todo acerca del mismo: fecha de construcción, funcionamiento, abandono… Aunque podría datar del siglo XV. Su extraño diseño y que permanezca inundada durante largos periodos de tiempo confieren a este monumento, que incluye hasta pinturas al fresco, un halo de asombro. Según la lista roja, “su grave deterioro hace temer su hundimiento”.

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2. Villa Romana de La Cocosa

Son varios los colectivos que han denunciado el abandono que sufre la villa romana de La Cocosa, en la provincia de Badajoz. Se trata de una hacienda romana que en su primer estudio, en los años 40, resultó un absoluto hallazgo por la cantidad de información que reveló, debido a su buen estado de conservación; hasta se descubrió una pequeña basílica visigoda del siglo IV. Más de 70 años después, el cuento es bien distinto. Restos de mosaicos, testimonios cerámicos de los siglos I al VII, monedas del siglo I al V… todo ello ha sufrido el expolio durante años, gracias al uso de detectores de metales.

Lo más increíble es que la villa está dentro de una propiedad privada al sur de la ciudad y cualquiera puede entrar y llevarse lo que quiera de este yacimiento abandonado.

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3. Ermita de San Bartolomé o de San Berto

Ubicada en Hinojal (Cáceres), esta ermita de aire oriental fue construida por los templarios; aunque también se baraja la posibilidad de que sea de origen musulmán, pero cristianizada y reformada convenientemente por la Orden del Temple. Es un lugar abandonado que entra en la lista de parajes misteriosos que hay que visitar en la región extremeña. Es propiedad del consistorio, y el templo acaba de ser restaurado en su fachada exterior y en el interior; incluyendo sus esgrafiados.

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4. Castillo de Trevejo

Si hace unas semanas incluía Trevejo entre los 10 pueblos con más encantos de Extremadura, ahora me vuelvo a referir a este magnífico entorno medieval en esta aldea de Sierra de Gata, cuyo halo de misterio se centra, sobre todo, en su castillo ruinoso de origen árabe, que data del siglo XII. La puesta de sol desde la atalaya es sencillamente espectacular y merece la pena dejarse la suela ascendiendo a lo más alto de esta fortaleza, que, aunque es una de las construcciones militares de la época que mejor se conserva, sufre un deterioro palpable y ya se han producido hundimientos en una de las torres del castillo.

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5. Ciudad antigua de Lacimurga

Se ubica en el Cerro del Cogolludo (Badajoz). Se trata de un yacimiento arqueológico cuya ocupación se extiende entre los siglos VI a. C. y la Edad Media, con predominio de inmuebles de época romana (siglo I a. C.). Toda una reliquia al aire libre, muy relevante para el conocimiento del pasado extremeño.  Un yacimiento sin protección y en completo estado de abandono, cuyas excavaciones fueron interrumpidas hace mucho tiempo. Está próxima al embalse de Orellana, por lo que el tránsito de gente, sobre todo en verano, es notable. Algunos ni sabrán que están pisando los restos de una ciudad con miles de años de antigüedad.

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6. Convento de Garrovillas de Alconétar

Hispania Nostra ha pedido a la Junta de Extremadura que salve el convento de San Antonio de Padua, fundado en 1476 y que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento en 1991. Y no es de extrañar que haga hincapié en esta petición, puesto que lleva más de siglo y medio sumido en el olvido, pese a que se trata de un tesoro arquitectónico de gran valor, ubicado en la población cacereña de Garrovillas de Alconétar. El expolio, la erosión y el vandalismo (con numerosas pintadas en sus muros) hacen mella en esta construcción que incluso en estado ruinoso se yergue de forma majestuosa. La vegetación te invita a dar un paseo espectral por este mágico lugar. Merodear por el antiguo huerto monástico, donde todavía florecen almendros, y contemplar el cielo estrellado a través del claustro, pese a que sus muros estén a punto de desplomarse, no tiene precio.

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7. Casa Rectoral de Santa María

Edificio plateresco del siglo XVI, en plena villa medieval de Trujillo, convertido en auténtico vertedero de basura donde, por lo visto, abundan las ratas. Se ubica junto a la Iglesia de Santa María la Mayor.  Las valiosas galerías han desaparecido. El centenario muro de cierre del solar que da a la calle Palomas se ha derribado parcialmente y se encuentra tapado con lonas y tablas. Una ruina, vamos. De hecho, Trujillo encabeza la lista de ciudades de la provincia con mayor número de señales rojas, pese a ser uno de los municipios más espectaculares de la Edad Media y Moderna de la historia de España.

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8. Atalaya de los Frailes

Torre o Atalaya de los Frailes, de los Monjes o de Tres Arroyos, construida entre los siglos XII y XIII, que formaba parte de la defensa de la ciudad. Reflejo de la dominación musulmana de Badajoz. Se trata de una torre de mampostería de base cuadrangular, que se encuentra en el paraje de Tres Arroyos, visible a lo lejos desde la carretera BA-022. Su estado actual es de pena, penita, pena. De hecho, de las atalayas que se conservan (Torrequebrada, Yelves y Los Rostros) ésta es la que se encuentra en un estado de ruina mayor.

“Riesgo de derrumbe por el abandono, las inclemencias del tiempo y los líquenes” sentencia la temida lista.

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9. Palacio de los Roco Campofrío

Es un palacio del siglo XVI, ubicado en pleno centro de la localidad cacereña de Alcántara, del que solo se conserva la fachada. Pero es esa monumental la que alumbra  la importancia pasada de este linaje, cuyo escudo de armas preside la portada. Por otro lado, siempre es una buena excusa para acudir a Alcántara y visitar este municipio y su entorno.

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10. Castillo de Peñafiel

Construido en el siglo XIII, este castillo ubicado en Zarza la Mayor, corre peligro de derrumbe parcial por su abandono total. También conocido por el nombre de Racha-Rachel, que fue el que le pusieron los árabes, esta fortaleza se asienta sobre una enorme peña en el desfiladero del río Eljas, frontera entre España y Portugal, en la provincia cacereña.

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11. Ermita de Valbón

Los alrededores de la localidad cacereña de Valencia de Alcántara esconden una pequeña joya: la ermita de Valbón. Un edificio del siglo XVI en ruinas, situado en el cerro del mismo nombre,  que es utilizado como cuadra. Tiene frescos que se conservan en mal estado. Es una construcción de estilo gótico, y en la actualidad, pese a su estado de conservación, sigue siendo muy visitada y admirada. Tanto es así que el pasado verano se creó la ruta senderista “Tras las Huellas de Valbón”, con motivo de las Jornadas Medievales ‘Boda Regia’ y con el objetivo de dar a conocer y promover la rehabilitación de esta ermita.

La lista roja habla de “desprotección absoluta” de las pinturas y del monumento en sí, frente al expolio y el vandalismo.

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12. Convento de la Bien Parada

Se trata de un fascinante conjunto monacal franciscano, actualmente en ruinas, y que en el pasado fue ni más ni menos que facultad de Teología y Música.Una preciosa y representativa muestra de la arquitectura conventual franciscana del siglo XVI. Se ubica próximo a la aldea cacereña de Abadía. A pesar del deterioro, el claustro sigue destacando. Un lugar mágico, sumido en el silencio y el abandono, donde pasear a plena luz del día.


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