La-música-en-crisis-de-originalidad

Historias de Plutón /
José A. Secas

“Cualquier tiempo pasado fue anterior (no mejor)”. Siempre he defendido este punto de vista para nada nostálgico ni egoísta. Entiendo la evolución de los tiempos y me gusta sintonizar con los más jóvenes y contagiarme de sus gustos artísticos… aunque, debo reconocer: en algunos casos me resulta bastante complicado (por decir algo correcto). Es en la música, por ser, a mi parecer, la manifestación artística más cercana y envolvente, donde encuentro menos satisfacciones y conexiones con la actualidad. Reconozco que siguen componiéndose canciones “bonitas” que, a base de machacarlas en la radio, terminan pegándose en las paredes interiores de tu disco duro musicomental, pero no me aportan nada nuevo. A veces me sorprenden aspectos de la producción técnica o algunos arreglos (que luego se ponen de moda y se repiten hasta la saciedad) que consiguen atrapar mi atención, pero que no dejan de ser guindas fluorescentes para pasteles caducados y típicos. No; no veo -oigo- mucha originalidad que digamos.

Creo que este mal solo se puede atribuir a la forma de “consumir” música. Basta con investigar un poco para hacer descubrimientos sorprendentes y deslumbrarse con auténticos talentos ocultos y desconocidos que desbordan creatividad y, si: originalidad; pero esta música no llega. Bueno, le llega a algunos cuantos que les gusta y saben buscar. A veces, esta música exquisita aflora por ser banda sonora de un anuncio de televisión o por otro motivo, normalmente, extramusical.

La nostalgia tiene un buen mercado y prueba de ello es la proliferación de bandas de “covers” y de “tributos”

En este mundo de consumo musical rápido, de usar y tirar, los jóvenes y los asiduos oyentes de radiofórmula y de modelos clásicos de generación y venta de éxitos, se contraponen a los nostálgicos, viejunos y revivals varios. Este público «se ha quedado en el 63, (73, 83 ó 93) como un ciprés» y no hace más que echarle de comer a los recuerdos con los siempre recurrentes piensos musicales. La nostalgia tiene un buen mercado y prueba de ello es la proliferación de bandas de “covers” y de “tributos” que no dejan de ser una especie de orquestas verbeneras actualizadas y monotemáticas.

Repito: echo de menos la originalidad y trato de mantener despierta mi capacidad de sorpresa y mi permeabilidad a la seducción de nuevas músicas pero, lo admito, así, motu proprio, no me pongo a investigar y estoy expuesto a que me “vendan la moto” o me toquen la sensibilidad vía anuncio, recomendación, video viral o estado de ánimo propicio en el momento y el lugar apropiado donde suena esa perfecta canción quizás en una radio independiente o en un bar con clase. Entre tanto, sigo pensando que el nivel general es bajo, que la masa es manipulable y que estoy haciéndome mayor.

 

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