Extremadura envejece y esta realidad es especialmente visible en sus localidades más pequeñas. Los indicadores socioeconómicos de la población mayor de 65 años publicados por el Instituto de Estadística de Extremadura (IEEX) reflejan que, en los municipios de hasta 100 habitantes, el 38,6% de la población tiene esa edad. En los municipios de entre 1.001 y 2.000 habitantes, el porcentaje alcanza el 27%.
Pero más allá de las cifras, las personas mayores son una parte esencial de la comunidad rural. Muchas siguen cuidando de sus huertos, colaborando en las tareas familiares, atendiendo pequeños negocios o ayudando a sus hijos y nietos. Su aportación no siempre aparece en las estadísticas económicas, pero resulta fundamental para el día a día de numerosas localidades.
También son depositarias de un patrimonio cultural que se transmite de generación en generación: las recetas tradicionales, las historias del campo, las fiestas populares y los conocimientos ligados al territorio. Su experiencia contribuye a preservar la identidad extremeña y ofrece a los más jóvenes una oportunidad para conocer sus raíces. Por eso, reconocer su papel implica también facilitar su participación en asociaciones, actividades culturales y proyectos comunitarios.
Envejecer en casa, con autonomía y cuidados
Para muchas personas mayores, seguir viviendo en su pueblo significa conservar su hogar, sus rutinas y las relaciones construidas durante toda una vida. Sin embargo, las distancias pueden dificultar el acceso a consultas médicas, comercios, transporte y otros servicios básicos, especialmente cuando existen problemas de movilidad o no se dispone de vehículo propio.
La atención domiciliaria y la teleasistencia son herramientas importantes para favorecer la autonomía. En 2025, la Junta de Extremadura anunció la licitación de un contrato para ampliar de 8.000 a 10.000 los dispositivos de teleasistencia domiciliaria, con el objetivo de reforzar la atención a personas mayores, dependientes y otras personas en situación de riesgo que desean permanecer en sus hogares.
En los municipios extremeños más pequeños, casi cuatro de cada diez habitantes tienen 70 años o más
La soledad no deseada es otro de los desafíos. Vivir solo no significa necesariamente sentirse solo, pero la pérdida de seres queridos, las dificultades para salir de casa o la distancia de familiares y amistades pueden reducir las oportunidades de relación. Por ello, las redes vecinales, las visitas, las actividades comunitarias y los servicios profesionales resultan esenciales para detectar situaciones de aislamiento y ofrecer apoyo.
Un mundo rural también conectado
La tecnología ofrece nuevas posibilidades para mantener los vínculos personales y disfrutar del tiempo libre. Internet permite realizar videollamadas con familiares que viven lejos, consultar información, acceder a contenidos culturales o seguir aficiones como las labores, la cocina y el deporte.
Además, los dispositivos digitales pueden facilitar determinadas gestiones y complementar algunos servicios de atención. Para aprovechar estas ventajas, es necesario disponer de una conexión adecuada y de herramientas accesibles, así como acompañar a quienes tienen menos experiencia digital para que puedan utilizarlas con confianza y seguridad.
En una región como Extremadura, marcada por la dispersión geográfica, la conectividad puede ayudar a reducir algunas barreras, aunque no sustituye el contacto presencial ni la atención profesional. La tecnología debe ser una herramienta al servicio de las personas, no un reemplazo de las relaciones humanas.
Hablar del futuro rural implica abordar el empleo, la vivienda, el transporte y los servicios públicos, pero también reconocer a quienes ya viven en esos territorios. Las personas mayores no deben contemplarse únicamente desde la dependencia o las necesidades asistenciales, son vecinos con experiencias, capacidades, preferencias y proyectos propios.
El envejecimiento plantea importantes desafíos, especialmente en los municipios más pequeños. Afrontarlos requiere servicios de proximidad, redes de apoyo y oportunidades para que todas las generaciones puedan convivir y participar.
Porque un pueblo no se mantiene vivo únicamente con nuevas oportunidades económicas o con la llegada de población joven. También necesita sus historias, sus costumbres y las relaciones que han dado forma a su identidad.


































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