Un viaje por los sabores que han marcado nuestra infancia y llenado nuestras cocinas de aroma, historia y cariño. En estas páginas, reunimos los grandes pilares de la repostería extremeña más auténtica. Cuatro recetas de siempre para rendir homenaje a la sabiduría popular de nuestros mayores y seguir compartiendo su legado alrededor de la mesa.

Ingredientes (para 4/6 personas)
Para los repápalos: 3 huevos grandes, 120-150gr de miga de pan (del día anterior), 2 cucharadas de azúcar, Ralladura de 1/2 limón o de naranja, Un chorrito pequeño de leche, Aceite de oliva suave o de girasol para freír Para la leche aromatizada: 1 litro de leche entera, 1 rama de canela, Cáscara de 1 limón, 80-100 gr de azúcar,
Paso a paso:
Infusionar la leche: en un cazo u olla, pon la leche junto con la rama de canela, la cáscara de limón y el azúcar. Llévalo a fuego medio-suave hasta que comience a hervir. Apaga el fuego, tapa y deja reposar para que absorba bien los aromas mientras preparas los repápalos. Preparar la masa: en un bol grande, bate bien los huevos junto con las dos cucharadas de azúcar y la ralladura de limón. Ve incorporando progresivamente la miga de pan desmenuzada (o el pan rallado grueso). Mezcla bien con un tenedor hasta obtener una masa jugosa pero firme, que se sostenga en la cuchara. Deja reposar 5-10 minutos para que el pan absorba el huevo. Freír los repápalos: calienta abundante aceite en una sartén a fuego medio. Toma porciones de masa con ayuda de dos cucharas dándoles una forma ovalada o redondeada y échalas al aceite caliente. Fríelos hasta que estén dorados por ambos lados. Sácalos a un plato con papel absorbente. Cocción e integración: Retira la canela y la piel de limón de la leche. Incorpora los repápalos fritos dentro la leche y pon la olla a fuego lento durante unos 5 a 10 minutos. Verás cómo se hinchan y quedan tiernos y esponjosos. Servir: Se pueden servir templados o fríos, acompañados del caldo de leche y espolvoreados con un poco de canela en polvo.

Ingredientes (para un molde redondo de unos 22-24 cm)
Para el relleno: 9 yemas de huevo + 1 huevo entero 250 gr de azúcar 250 ml de agua 2 cucharadas colmadas de manteca de cerdo derretida (o mantequilla en su defecto) 3 cucharadas de harina de trigo
Para la decoración: 30-40 gr de chocolate negro para fundir
Paso a paso
Preparar el molde y la base: precalienta el horno a 170 °C – 180 °C. Forra un molde desmontable para tartas con la lámina de hojaldre. Pincha el fondo suavemente con un tenedor para que no suba en exceso y reserva en el frigorífico.
Hacer el almíbar: en un cazo, pon los 500 g de azúcar y los 250 ml de agua. Llévalo a ebullición y déjalo hervir a fuego suave durante unos 5 minutos hasta obtener un almíbar ligero pero bien ligado. Retira del fuego y deja que se entibie para que no cuaje los huevos al juntarlo.
Mezclar las yemas y el huevo: en un bol grande, bate ligeramente las 9 yemas con el huevo entero (sin batir demasiado ni meterle demasiado aire).
Incorporar el almíbar y la almendra: vierte el almíbar tibio poco a poco sobre la mezcla de huevo en forma de hilo, removiendo continuamente con unas varillas para integrarlo todo bien. Añade a la mezcla la almendra molida y remueve hasta que quede bien repartida.
Añadir la manteca y la harina: incorpora la manteca de cerdo previamente derretida y templada. Por último, añade las 3 cucharadas de harina de trigo tamizada. Mezcla despacio con una espátula o varilla hasta obtener una crema espesa, suave y sin grumos.
Horneado: saca el molde con el hojaldre del frigorífico y vierte la mezcla de crema dentro, repartiéndola bien. Introduce en la parte media del horno y hornea a 170 °C–180 °C durante 40 a 50 minutos. La superficie debe quedar dorada y la masa cuajada (puedes comprobar con un palillo en el centro).
Enfriado y decoración: Retira la tarta del horno y déjala enfriar en el molde. Funde el chocolate negro al baño María o en el microondas. Introdúcelo en una manga pastelera fina o cartucho de papel y escribe “Técula Mécula” sobre la superficie horneada de la tarta.

Ingredientes (para unas 20-25 unidades)
2 huevos M 100 ml de leche entera 100 ml de aceite de oliva suave (para la masa) 125 gr de azúcar (más un poco extra para rebozar al final) 1 cucharadita de anís en grano (preferiblemente molido) Ralladura de 1/2 limón 1 tira de piel de limón y 1 tira de piel de naranja (para aromatizar el aceite) 350-400 gr de harina de trigo (aproximadamente) 8 gr de levadura química en polvo (medio sobre) Aceite de girasol (o de oliva suave) abundante para freír
Paso a paso
Aromatizar el aceite: en una sartén pequeña, pon los 100 ml de aceite de oliva junto con las tiras de piel de limón y de naranja. Calienta a fuego medio un par de minutos para que el aceite coja los aromas sin que se quemen las pieles. Apaga el fuego, retira las pieles y deja que el aceite se temple por completo.
Preparar la mezcla líquida: en un bol grande, bate los dos huevos junto con los 125 gr de azúcar hasta que estén bien integrados. Añade la leche, el aceite de oliva ya templado y el anís. Remueve bien. Agrega también la ralladura fresca de limón.
Añadir la harina y amasar: tamiza la harina junto con la levadura química. Ve incorporándola poco a poco al bol. Primero puedes ayudarte con unas varillas o una cuchara y cuando la masa coja cuerpo, pásala a la encimera ligeramente enharinada y amasa suavemente con las manos. Debe quedar una masa homogénea, blanda pero manejable y un poco grasa, sin pasarse de harina para que no queden duros.
El reposo: forma una bola con la masa, cúbrela con un paño o film transparente y déjala reposar unos 30 minutos a temperatura ambiente para que se relaje el gluten.
Dar forma a los huesillos: úntate las manos con un poco de aceite para que no se te pegue la masa. Ve cogiendo porciones pequeñas de unos 20-25 gr. Haz bolitas y luego haz un rollito con cada una de ellas para darles forma de cilindro alargado (de unos 10-12 cm). Tradicionalmente, se les puede hacer un ligero corte longitudinal superficial con un cuchillo o doblar ligeramente los extremos para que al freírse se abran de forma característica.
Freír: calienta abundante aceite de girasol en una sartén honda o cazuela a fuego medio. Es importante que el aceite no esté demasiado fuerte para que se hagan bien por dentro sin quemarse por fuera. Ve metiendo los huesillos por tandas. Verás que se inflan y adquieren un tono doradito.
Rebozar y servir: sácalos a una bandeja con papel absorbente para retirar el exceso de grasa. Justo cuando aún estén templados (para que el azúcar se adhiera bien), pásalos por un bol con abundante azúcar. ¡Y listos!

Ingredientes (para unas 25-30 unidades)
Para la masa: 500 gr de harina de trigo, 100 ml de aceite de oliva suave, 100 ml de vino blanco (o anís dulce, según prefieras), 1 cucharadita de anís en grano, 1 tira de piel de limón (sin la parte blanca), Una pizca de sal, 1 ramita de canela (opcional)
Para la cobertura y fritura: Abundante aceite de girasol (o de oliva suave) para freír, 200-250 gr de miel rebajada con un par de cucharadas de agua
Paso a paso
Aromatizar el aceite: en una sartén pequeña, pon los 100 ml de aceite de oliva junto con la piel de limón, los granos de anís (matalahúva) y la ramita de canela. Calienta a fuego suave durante 2 o 3 minutos para que el aceite coja todos los aromas sin que se quemen las especias. Apaga el fuego, retira los aromáticos y deja que el aceite se temple por completo.
Mezclar los líquidos: en un bol, vierte el aceite ya templado, los 100 ml de vino blanco (o anís) y la pizca de sal. Remueve bien para que se integren.
Añadir la harina y amasar: empieza a incorporar la harina poco a poco, tamizándola previamente. Primero remueve con una espátula o cuchara y, cuando coja consistencia, pasa la masa a la encimera. Amasa con las manos durante unos 5-8 minutos hasta obtener una masa lisa, elástica, que no se pegue a los dedos y que sea muy manejable.
El reposo: haz una bola con la masa, cúbrela con un paño limpio o film transparente y déjala reposar a temperatura ambiente durante unos 30-45 minutos para que el gluten se relaje y sea más fácil estirarla.
Dar forma a los pestiños: extiende la masa sobre la encimera ligeramente enharinada con un rodillo, dejándola fina (de unos 2 o 3 milímetros de grosor). Córtala en cuadrados pequeños (de unos 5×5 cm). Para darles la forma clásica, toma dos esquinas opuestas de cada cuadrado y únelas en el centro, presionando con fuerza para que no se abran durante la fritura.
Freír: calienta abundante aceite de girasol en una sartén honda a fuego medio. Añade un trocito de piel de limón al principio para limpiar el aceite. Ve introduciendo los pestiños por tandas. Fríelos despacio, dándoles la vuelta, hasta que adquieran un color doradito uniforme y estén bien crujientes. Sácalos a una bandeja con papel absorbente.
El baño de miel (o azúcar): en un cazo, calienta ligeramente la miel con un par de cucharadas de agua para que se vuelva más líquida y manejable. Pasa los pestiños (ya templados o fríos) de uno en uno por la miel caliente, asegurándote de que queden bien impregnados, y colócalos en una fuente. (Alternativamente, si los prefieres secos, puedes pasarlos por un plato con azúcar en grano justo después de freírlos).


































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