Hay clientes que entran a por unos pistachos y salen habiendo contado cómo les fue el fin de semana, qué dijo el médico o cómo está el nieto que estudia fuera. En El Reino de las Chuches, la cadena de tiendas de golosinas en Extremadura, eso no es una casualidad, es parte de la casa.

Aunque el nombre invite a pensar en los más pequeños, una buena parte de su clientela tiene más de 70 años. Y su propietaria, Mª Ángeles Sánchez Arroyo, lo tiene claro: “Cuando un mayor entra por la puerta, no viene solo a por unas chuches, viene a charlar un ratito y a sentirse querido.”

Quien trabaja en estas tiendas sabe que detrás de cada compra hay una historia. Hay quien cuenta cómo era Cáceres cuando era joven, quien enseña la foto de los nietos en el móvil y quien simplemente necesita charlar cinco minutos antes de volver a casa. El equipo escucha, pregunta y se acuerda. Se acuerda de quién prefiere el caramelo de menta, de quién compra siempre los viernes y de quién tiene una revisión médica esa semana.

Ese trato cercano es, según cuenta la propia dueña, lo que más agradecen sus clientes. “A veces no compran casi nada, pero se van contentos porque han hablado con alguien”. Un mostrador que, además de despachar, acompaña.

Frutos secos y caramelos de toda la vida

Si hay un producto que los mayores piden con conocimiento de causa, son los frutos secos. Muchos llegan con la recomendación de su médico o de su enfermera y saben bien lo que buscan: nueces, que asocian al cuidado del corazón; almendras, ideales para la circulación; pistachos, el picoteo preferido de quienes vigilan la glucosa y no quieren renunciar a un gustazo… Cada cliente tiene su pauta y su costumbre, y en la tienda se la saben. El equipo no receta y deja claro que cada persona debe seguir las indicaciones de su médico, pero sí aconseja, recomienda lo que acaba de llegar y se encarga de que no falte su favorito de siempre. A veces solo hace falta que alguien te diga: “estas nueces han llegado hoy”.

Y es que cuidarse no está reñido con darse un gusto, algo que en El Reino de las Chuches se toman muy en serio. Para quienes necesitan controlar su consumo sin renunciar al placer de algo dulce, la tienda cuenta con una amplia selección de gominolas y caramelos sin azúcar. Además, cada temporada tiene sus favoritos: con la llegada del frío se disparan los caramelos de miel, aliados de toda la vida contra la garganta irritada; los de menta, para un aliento fresco y esa sensación de limpieza que tanto gusta; y los de café, un clásico entre quienes los recuerdan de siempre y que muchos descubrieron en su juventud. Algunos llegan preguntando por “los de toda la vida” y se van con una bolsita y una sonrisa.

Más que dulces: un rato de compañía

Y si algún día uno de ellos no aparece, en la tienda se nota. Quien venía cada semana y de pronto falta no pasa desapercibido: se echa de menos su charla, se pregunta por él o ella y, si hace falta, se llama para saber que está bien. “Cuando alguien falta varios días, nos preocupamos. Les cogemos mucho cariño, son como de la familia”, cuenta Mª Ángeles.

Ese cariño no se aprende en ningún manual, nace del trato de cada día. Entre los más veteranos hay quien lleva años visitando la tienda y ha visto cambiar al equipo, los productos y hasta el escaparate. Y hay quien llega por primera vez, con timidez, preguntando si “esto de las chuches” también es para ellos. La respuesta es siempre la misma: por supuesto que sí. En una ciudad donde muchas personas mayores viven solas, saber que en su tienda de siempre alguien se acuerda de ti, te guarda tu caramelo favorito y se alegra cuando vuelves es un regalo que no se mide en euros.

Porque en El Reino de las Chuches no solo se vende azúcar. Se vende un rato agradable, un consejo, una sonrisa y la certeza de que, si un día faltas, alguien lo va a notar.

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