El último diente de leche
Víctor M. Jiménez

Al sentir el calor del aliento del príncipe sobre su mejilla helada, Bella Durmiente protesta:

“Cinco minutos más, por favor”.

¡Es tan cómodo el colchón de plumas subvencionado con el oro falso de los extranjeros!      

Dormir parece la mejor opción. Así la tibieza de los sueños apacigua la avaricia de los clavos oxidados y las cenizas que rebosan en los cangilones no salpican las frágiles pupilas de la voluntad.

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