El último diente de leche
Víctor M. Jiménez

En aquel tiempo del polvo de tiza
y de la goma de borrar,
romper los pantalones
por las rodillasera la hecatombe
tras la batalla.
El Alto Mando prefería la sangre
a la tela rasgada.

Entonces las pedradas eran bromas,
las espadas ramitas de árbol nuevo
y medallas los puntos de sutura.
Los acuerdos de tregua
sabían a chocolatinas.

Hoy, sobre pantallas táctiles,
los dedos blancos
-con destreza de cirujano-
manejan asesinos insaciables.

Yo también maté enemigos
(de mentira).

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