Desde mi ventana
Carmen Heras

Busco el significado de la expresión “arcadia feliz” y leo que se refiere a un lugar idealizado, pacífico y maravilloso donde se vive en perfecta armonía con la naturaleza, libre de los problemas y la complejidad de la vida moderna. Es sinónimo, por tanto, de paraíso terrenal o una utopía.

Y entonces lo entiendo. Comprendo la profunda importancia de haber construido hace ya muchos, muchos años, un relato contra la desesperanza y la crisis, bajo el paraguas de una teoría que explique que los humanos, por igual, han de tener los mismos derechos en asistencia y prestación. Que debe defenderse la vida en si misma, la de todos, que el trabajo ha de ser remunerado y las horas del mismo establecidas, que los esclavos no pueden existir…

Se equivocarán quienes crean que nuestros antepasados, y los antepasados de estos, por el mero hecho de no disponer de las herramientas electrónicas actuales eran torpes e iletrados. Claro está que había muchos de estos últimos, pero como también los hay ahora y los seguirá habiendo, por los siglos de los siglos, si antes el mundo no revienta a fuerza de estragos y mala gestión de tantos. Si se acaban los fondos, el capital.

Pero, amigos, los que pensaban convinieron en construir una utopía, la de una sociedad profundamente igualitaria en derechos y deberes para cualquier persona. Como forma de plantar cara a las profundas desigualdades sociales existentes, al lenguaje de castas, a los niveles distintos de bienestar y existencia…y con ello a las profundos desórdenes civiles producidos a lo largo del tiempo cuando los oprimidos, de unas u otras formas, se cansan de ser sumisos y logran que las estructuras revienten. La Historia ofrece infinidad de ejemplos.

Uno de ellos, así a bote pronto, es el de la Rusia de los zares. Todos los que hemos visitado los lugares clásicos, mostrados al turista, no hemos podido por menos que quedarnos literalmente obnubilados ante el lujo de las piedras semipreciosas que forman las tumbas de los monarcas y sus familias, la opulencia y grandiosidad de los palacios, las extraordinarias colecciones de arte de los museos, etc., frente a la forma de vida del pueblo raso que allí vivía con enormes necesidades de todo tipo. Por eso el que una revolución contra lo establecido triunfara era solo cuestión de tiempo. Y de personas.

Y henos ahora aquí, en el siglo XXI, absurdamente convencidos en Occidente de que nuestra forma de vida es inquebrantable y no puede romperse. En la tele oyes decir, en aeropuertos o estaciones de autobuses, a los que han disfrutado de vacaciones, que están deprimidos porque vuelven de ellas y aunque sabes que la respuesta tiene un cierto postureo, no puedes por menos que preguntarte cuál fue el momento en el que la Humanidad pensó que todo estaba hecho y que nada tiene que poner de su parte para que el status actual de la mayoría (me refiero, claro está, al mundo desarrollado) permanezca. Ni siquiera si es tarde para hacerlo.

Hoy, la sociedad del bienestar, construida entre unos y otros como hermosa utopía, tiene agujeros por todas partes, pues está demostrado que una vez iniciado un proceso de mejora de vida, nadie parece dispuesto a renunciar a una sola de sus posibles dádivas. Mucho menos cuando está convencido (así se lo repiten continuamente) de que se lo merece por el hecho de haber nacido y estar en la tierra.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Titan Security to reduce spam. Learn how your comment data is processed .