José Cercas

Hace unos años alguien me preguntó qué opinión tenía sobre los escritores extremeños. No recuerdo dónde fue ni quién hizo la pregunta. Sí recuerdo la respuesta.
Respondí que, cada vez que leía una lista de escritores españoles destacados, siempre encontraba uno o dos nombres nacidos en Extremadura. Aquello me parecía una prueba de que en esta tierra se estaba escribiendo muy buena literatura.
Con el paso del tiempo he seguido pensando lo mismo.
Quizá porque Extremadura fue literaria mucho antes de que existieran las editoriales, los premios o las redes sociales. Antes estuvieron las historias contadas al calor de la lumbre, las leyendas que viajaban de un pueblo a otro y las voces que aprendieron a nombrar el mundo desde la sencillez de la vida cotidiana.
Tal vez por eso nuestra literatura posee una personalidad difícil de explicar y fácil de reconocer.
Está en los poemas que nacen de la memoria. Está en las novelas que regresan a los pueblos de la infancia. Está en los artículos que intentan comprender el tiempo que vivimos. Está en quienes escriben desde una ciudad y en quienes lo hacen desde un pequeño pueblo, donde cada calle guarda un recuerdo y cada vecino podría contar una historia.
A veces se habla de la literatura extremeña como si pudiera resumirse en unos pocos nombres. Yo no lo creo.
Pienso que la verdadera riqueza de nuestras letras se encuentra precisamente en su diversidad: en la cantidad de hombres y mujeres que escriben desde sensibilidades distintas, con lenguajes diferentes y con maneras propias de entender la creación.
Por eso, cuando pienso en la literatura extremeña del siglo XXI, no imagino una fotografía con unos cuantos autores ocupando la primera fila.
Imagino una conversación.
Una conversación donde dialogan la poesía y la narrativa, la experiencia y la imaginación, la memoria y el presente. Una conversación que comenzó hace mucho tiempo y que continúa creciendo con nuevas voces.
Quizá sea esa la razón por la que Extremadura sigue apareciendo una y otra vez en los mapas literarios de España.
No porque sea una tierra más privilegiada que otras.
Sino porque conserva algo esencial para cualquier escritor: una manera propia de mirar la vida.
Y mientras exista alguien dispuesto a convertir la emoción, la memoria o la esperanza en palabras, Extremadura seguirá escribiendo su historia.
Porque, al fin y al cabo, una tierra también se reconoce por la forma en que aprende a contarse a sí misma.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Titan Security to reduce spam. Learn how your comment data is processed .