Lleno absoluto en Cáceres en el Puente del Pilar

Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Nuestra ciudad tiene en su Casco Antiguo una de sus mayores y más conocida joya, declarada Patrimonio de la Humanidad. Pero sucede que este extraordinario conjunto de palacios, iglesias, torres y murallas oculta muchas veces nuestro otro Patrimonio, no tan excepcional, sin duda, pero relevante, bello y que deberíamos cuidar y preservar con idéntico celo. Tenemos varias calles donde se concentran las casas que la burguesía de la ciudad empezó a construir entre finales del siglo XIX y los primeros decenios del XX, muchas de ellas en un claro estilo modernista; los restos arqueológicos del pasado industrial de la ciudad (como los hornos de cal o las minas de Aldea Moret y de San José de Valdeflores, con sus torreones, pozos y edificios anexos) y, diseminados por la solana y umbría de El Portanchito, varios chozos y un magnífico Cortín Colmenero, auténticos supervivientes de una arquitectura popular, vernácula o rural, que cada día cobra más relevancia en otros puntos de nuestra geografía.

Es Patrimonio de todos los cacereños y tenemos el deber de legarlo a las próximas generaciones

Yo invito a los lectores a pasear, por ejemplo, por El Portanchito, llegar al valle de Valdeflores y observar un muro circular de casi tres metros de altura que alberga colmenas de abejas en su interior. Es un cortín o cortino colmenero, muy frecuentes en el norte del país, especialmente en Asturias y que todavía podemos descubrir en las Hurdes, unos pocos, y sorprendentemente en Cáceres. Las familias campesinas de Asturias los empleaban para proteger sus colmenas de los animales (como el oso), los ladrones o el viento. Estos cortinos eran dispuestos en pendiente, con altos muros y siempre circulares. Es el caso del que podemos contemplar a unos pocos kilómetros de la ciudad, aún en uso y en perfecto estado.

Y yo invito a las autoridades del ayuntamiento a proteger el Horno de Cal del Junquillo, en un estado lamentable, pese a la belleza de su diseño, especialmente de sus arcos de entrada en ladrillo y las dos chimeneas que conserva. Los hornos de cal fueron una de las industrias más importantes de la ciudad desde la edad media hasta mediados del siglo XX y el oficio de calero, respetado y reconocido. La mayoría de aquellos hornos han desaparecido, por eso es necesario y urgente que el Horno del Junquillo deje de ser usado como vertedero, se limpie, se adecente, se proteja y finalmente se ponga en valor, porque es Patrimonio de todos los cacereños y tenemos el deber de legarlo a las próximas generaciones para que conozcan cómo vivían y dónde trabajaban sus antepasados.

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