La amistad y la palabra
Enrique Silveira

Existen fechas indelebles en la memoria de todos. Algunas son días concretos, irrepetibles; otras reviven épocas inolvidables en las que se acumularon los acontecimientos dignos de albergarse en nuestra retentiva; las menos evocan tiempos pasados que siempre parecen mejores porque así lo dispuso Manrique en sus inolvidables versos y porque la higiene mental arrincona los eventos indeseables para hacer del presente un momento más apreciable.

No se puede olvidar el cumpleaños propio ni el de los más allegados; imposible no recordar el día en que alguien por quien suspirabas te dijo que sí; rememoras con facilidad los grandes acontecimientos -los luctuosos con preferencia por eso de que el ser humano tiende al morbo-, aunque también los logros deportivos si eres aficionado y las conquistas sociales o políticas si te preocupan más esos sectores; no puedes postergar, aun esforzándote, las fechas en las que perdiste a algún ser querido…

Y en ocasiones se añaden días que conmemoramos porque en ellos se produjo un suceso inolvidable, de los que reverdecen tus ánimos y consiguen que aparezca en ti una sonrisa bobalicona que apenas puedes contener. El sábado 26 de junio de 2021 es uno de ellos: tras año y medio de suplicio, podremos pasear sin mascarillas.

La dádiva de los gobernantes -instalados entre el electoralismo, la indecisión y el populismo- se ha hecho esperar. Hemos pasado días anhelando el momento porque es el síntoma más evidente de que recuperaremos la normalidad en breve, de que la pandemia sucumbe tras haber hecho estragos que han dejado irreparables secuelas en todos nosotros.

Nos enfrentaremos a todo tipo de situaciones; habrá quien la eche de menos, que ya se había acostumbrado porque ganaban atractivo y además en invierno protege la garganta de los fríos intempestivos; encontraremos a algunos que prefieren seguir llevándola a modo de aditamento que, combinado con otros más usuales (las gafas de sol), te preservan de indeseados encuentros porque se te reconoce con dificultad y solo deberás enfrentarte a aquellos que te resulten de mayor agrado. Seguro que los tímidos y los recelosos la añorarán, pues para ellos hace de biombo más que de mecanismo de defensa y así viven con mayor tranquilidad. Sin embargo, seremos amplia mayoría los que nos alegremos de la postergación del obligatorio apéndice que nos ha torturado, la mascarilla (no añado el adjetivo que suele adornar a este sustantivo por deferencia con el lector). A partir del sábado nuestra charla podrá escucharse con perfecta sonoridad y sin que nuestro interlocutor nos interrumpa a menudo para asegurarse de que hemos dicho tal o cual cosa; nuestro lenguaje gestual, que muchos consideran un 70% del total del mensaje, no se verá circunscrito a los ojos y el entrecejo, zonas que ni la mascarilla puede ocultar, y resurgirán esplendorosos nuestros labios, nuestros dientes, los carrillos, las mandíbulas para ofrecer toda la información a nuestro oyente; las orejas volverán a su lugar preceptivo para realizar exclusivamente su labor primigenia y nos olvidaremos de ellas como asidero indeseado; volveremos a llenar los pulmones sin esa restricción del 33% que tanto nos ha obligado a resoplar y dejarán de atragantarse esas cuestas que antes subíamos sin aparente esfuerzo; recuperaremos los olores propios del trajín diario, incluidos los enojosos, y nos olvidaremos de la constante inhalación de la fragancia propia, imposible de desalojar del interior de la careta; volveremos a saludar con la certeza de que conocemos a quien acaba de cruzarse con nosotros y nos ha saludado con efusividad porque no ha albergado nuestras dudas acerca de su identidad; disfrutaremos de sonrisas sin mutilar, las que dejan ver la dentadura, sea esa de anuncio de clínica dental o no, y sentiremos cómo se aproximan las almas a través de ellas.

Y los más atrevidos volverán a estrechar las manos, a besar y a abrazar con la naturalidad con la que lo hacían hasta hace poco tiempo porque esos actos mejoran la salud más que la mayoría de los medicamentos. Adiós p. mascarilla y feliz cumpleaños a todos.

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