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La sífilis y la hepatitis C son enfermedades que pueden coexistir en pacientes infectados con VIH y dificultar el tratamiento. , profesor titular de la UEx y Jefe del Servicio de Patología Infecciosa del Hospital Universitario Infanta Cristina de Badajoz, explica en esta entrevista el reto de tratar a los pacientes que han contraído varias enfermedades por vía sexual.

El sida puede tardar en aparecer entre 2 y 15 años tras la infección por VIH según cada persona. Conviene recordar qué se entiende por VIH y sida…

El sida es la etapa final de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana. Este proceso, en nuestro país y en Extremadura, ya no debería verse porque los nuevos tratamientos impiden la evolución del virus y que haya un daño inmunológico. Sin embargo, el problema que vivimos aquí en los años 80 sigue siendo todavía una realidad muy importante en los países no desarrollados.

En Europa, ¿la infección por VIH se puede considerar una enfermedad crónica? Se habla mucho de los estudios que se están llevando a cabo para lograr una vacuna, ¿será una realidad en un futuro próximo?

Estamos ante una enfermedad que no tiene curación pero sí un tratamiento prolongado. En este sentido, tiene ciertos paralelismos con la diabetes y la hipertensión. En la actualidad hay varias vacunas en investigación. Las vacunas que están en desarrollo avanzado más que actuar e inmunizar como lo hacen las clásicas, colaboran con los tratamientos y con la propia inmunidad del individuo para controlar la infección y, por esto, se les llama vacunas terapéuticas, aunque parezca un contrasentido. No previenen la adquisición del VIH sino que complementan el tratamiento farmacológico. Lo deseable es evitar la infección y si uno está infectado comenzar la medicación de forma precoz. Hay medicamentos potentes, bien tolerados, e incluso más baratos, que pueden actuar desde el “minuto uno” y evitar el deterioro inmunológico de la persona.

A pesar de estas buenas perspectivas, nuevos retos están surgiendo con las infecciones producidas por otros virus además del VIH, en este sentido ¿qué están observando en la evolución reciente de esta patología?

Esta enfermedad es tan compleja como el ser humano. Hace 20 años no podíamos imaginar los problemas con el virus de la hepatitis C en pacientes VIH-positivo, ni con una enfermedad como la sífilis. Así, tras un análisis de nuestros propios datos sobre la sífilis y, de manera similar a lo que sucede en el resto de España y en el extranjero, hemos comprobado como ha aumentado la incidencia de infectados entre gente joven menor de 25 años, muchos de ellos universitarios o con formación, activos en las redes sociales, es decir, personas a las que les llega mucha información.

¿Y cuál es la relación entre la hepatitis C y el VIH?

Antes, la vía de contagio de la hepatitis C era la transfusión sanguínea y la drogadicción intravenosa. Sin embargo, han permanecido dos formas de contagio que comparten ambos virus, el VIH y el virus C de la hepatitis. La primera de ellas es el posible contagio por la jeringuilla compartida del toxicómano en el supuesto de la drogadicción intravenosa. Este fue un problema muy grave en los años 80 que afortunadamente ha disminuido de forma sustancial. La segunda vía de contagio que los dos virus tienen en común es la sexual. Si una persona se infecta por vía sexual del VIH se puede infectar también del virus C o de la sífilis. En un solo acto sexual sin prevención, una persona puede adquirir estas tres infecciones o una de las numerosas enfermedades de transmisión sexual que existen.

Es decir, que prevalece la transmisión sexual en el contagios de estos virus…

Sí. Si tenemos en cuenta las epidemias importantes en ciudades como Londres y Madrid donde han aumentado los casos de infección por vía sexual, sobre todo en homosexuales jóvenes, quiere decir que el virus busca su forma de mantenerse y propagarse. En este sentido, podemos decir que “estamos con los mismos protagonistas pero con escenarios diferentes”.

Y el perfil sociodemográfico también ha cambiado sustancialmente…

El perfil sociodemográfico muy particular del toxicómano de la década de los años 80, con circunstancias personales y sociales muy duras, que entró en el mundo del sida y la hepatitis C por ignorancia, no tiene que ver con el perfil actual del paciente que acude a consulta por primera vez con el virus del VIH o con ambos virus. Puede ser perfectamente un joven universitario o trabajador bien informado que viaja, es usuario de redes sociales, comparte espacios de comunicación con otros y, sin embargo, se infecta. La impresión que tenemos es que se le ha perdido el miedo al virus. Además, otro factor puede ser la sensación que tienen algunos jóvenes de invulnerabilidad, piensan que a ellos nos les va a ocurrir el accidente de tráfico o la infección por el VIH.

Esto inevitablemente debería tener consecuencias en el tratamiento del paciente. ¿De qué manera le afecta la infección por el virus de la hepatitis C o de la sífilis?

En el caso del virus del sida y de la hepatitis C está demostrado que ambos se potencian. Cada uno tiene un modo de actuar que facilita la actividad del otro. Lo que se trata es de frenar a los dos o al menos a uno. En cualquier caso, no se trata de un aumento de casos de pacientes coinfectados por HIV y hepatitis C. La cuestión es que el virus C ha sido el gran tapado pues apareció en la escena pública en el año 1989, en plena epidemia del VIH/sida y en pacientes con una esperanza de vida corta.

* Profesor titular de la UEx. Jefe del Servicio de Patología Infecciosa del Hospital Universitario Infanta Cristina de Badajoz.

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