Sergio Martínez

28 días dan para mucho. En mi caso, por ejemplo, para cocinar entre otras cosas, dos tartas de galletas de chocolate y leer tres libros que me habían regalado en mi último cumpleaños. El tres de febrero, rodeado de familia y amigos, no sospechaba que mis primeros pasos en el cuarto escalón de la vida serían confinado en casa, y, que el mayor reto de la semana sería ir a hacer la compra, tirar la basura o recoger el correo de la oficina.

28 días dan para mucho. Dan para mucha televisión y plataforma. Para acabar una serie de elegante sonrisa, como The Marvelous Mr Maisel, y, comenzar otra, de continuo congojo y sentimiento, como This is us. Y es que 28 días dan para acertar y errar una y otra vez con las películas de Netflix ,o, decidir revisar durante la siesta la filmografía de Hayao Miyozaki. Todo una delicia por cierto.

28 días dan para mucho. Como por ejemplo, hacer deporte cada día. Creo que llevo mas de veinticinco horas subido encima de la bici estática, si alguien me lo dice hace un mes me hubiera simplemente descojonado por la ocurrencia. Alguna abdominal que otra y cientos de estiramientos. Deporte para sudar, generar endorfinas, evitar el insomnio, y compensar las botellas de vino que han ido cayendo estos días,  y también, para bajar las setenta y dos comidas con su respectivos desayunos, almuerzos y cenas que ya llevamos. Eso sin contar los sigilosos ataques, entre horas, a la despensa.

28 días dan para mucho. Para leer a Évole, a científicos, a políticos y llegar a una columna de Manuel Jabois y pensar, que razón tiene, de esta no salimos mejores, si no todo lo contrario. Pero también para leer historias increíbles. Para ver gestos de bondad y pensar, que sí, que hay lecciones colectivas que aprender. Para leer a Pilar Galán y no parar de pensar en nuestros mayores y en nuestra responsabilidad como ciudadanos y sociedad.

Y es que en cuatro semanas hay mucho tiempo para leer sin leer, para pensar sin pensar, para mirar sin ver. Hay tiempo para el silencio y también para el aplauso.

28 días dan para mucho. Incontables, ‘Oye’, ¿qué tal te va? ¿Todo Bien?, al cabo del día.  Y miles los wasaps, memes, fakes, sonrisas,  chistes y  risas que viajan de un móvil a  otro cada día. Por supuesto, también, discusiones y enfados.  La combinación de política y wasap es muy peligrosa. Y para cientos de video-llamadas, simulacros de encuentros. ¡Ay Amigos!. Cercanía virtual para obtener un abrazo, una mirada, esa complicidad en el espacio y el tiempo que el COVID-19 nos ha robado.

28 días dan para mucho. Muchas canciones sonando en el ordenador, en la televisión o en el móvil. La música siempre en mi equipo. A veces triste, profunda o existencial y, otras, alegre, divertida y bailable. Ahora en mi cabeza lo nuevo de The Strokes. Más tarde sonará algo nuevo, o, una canción antigua a la que regresar, para volver a cantarla, sentirla y bailarla.

28 días dan para mucho. Sobre todo, dan para querer y amar. 28 días contigo. Conmigo. Y con ella. Que viene. Y para limpiar. Una y otra vez, limpio sobre limpio. La casa y el alma.Y una lavadora y otra más. Marie Kondo nos ilumina. Lavar, tender y recoger para mantener un orden que sana el espacio, que alivia la mente.

28 días dan para mucho. Hasta para guardar un párrafo de esta columna solo para mí.

Y 28 días después aquí seguimos. Dentro del hogar. Respirando, comiendo, durmiendo, soñando. En definitiva. 28 días después, seguimos viviendo. Qué no es poco. Hay más de quince mil personas en nuestro país y otras muchos miles más en otras partes del mundo que ya no pueden decir lo mismo. Y si te paras a pensarlo un segundo, da mucho miedo.

 

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