Desde mi ventana
Carmen Heras

Juanjo Millás contaba que una vez visitando una vieja iglesia vacía en un lugar de nuestro país, prácticamente desprovista de imágenes y poco iluminada, al fondo de la misma, entre penumbras, escuchó rezar en voz baja a una mujer vestida de luto y en actitud de súplica. Y pensó en lo grande del dolor de aquella persona para estar tan afligida.

No siempre se toma consciencia del dolor cuando se está bajo sus efectos, a veces la sensación del dolor llega luego cuando termina el estrépito, las conmiseraciones, el tumulto y empieza el silencio. El dolor se produce por la fuerza del mismo, por lo irremediable de la perdida, por la sensación de no saber muy bien como recomenzar cuando algo muy grande se rompe o desaparece.

Contigo sufren los allegados, los parientes mas cercanos, los amigos. El dolor suyo es sordo, no reconocible, porque se imponen como obligatorio el sostener y el apoyar, ser un muro firme, sin desmayo ni fugas emocionales innecesarias. Pero el dolor suyo también está ahí. No tan fuerte ni tan apoteósico como el de quien lo sufre en primera persona, pero insistente y continuo, en su interior.

Así que el trauma (chico o grande) está servido, con el recuerdo. Para todos. Y no es fácil deshacerse de él. A veces por la desconfianza creada, por el fallo en la creencia de una vida feliz. Hay tantos motivos…

La pasión guía al hombre. Y a la mujer. Y es justo reconocerlo. Cuando tiramos del raciocinio para entender un movimiento, mal haremos en dejar atrás la pasión como si no existiera. Porque seguramente existe. E influye en las personas y en sus comportamientos.

La política es (también) una pasión. Con aristas, claro. Y se equivoca quien le quita esta cascara a cualquiera embebido por la misma. En ocasiones, criticamos al que la hace y aspira a no bajarse de ella por ser alguien (decimos) ávido de poder, que no quiere dejar su sitio a otros. Que la necesita para mantenerse. Para vivir mejor. Para sentirse alguien. Así es, desde luego. Pero también es cierto que el pálpito para ser político existe de veras y mueve tanto o mas que cualquier motivación ideológica.

Cuando Piaget llegó a la educación inundándolo todo, hubimos de estudiar sus teorías para enseñarlas y aplicarlas después. Jean Piaget fue un científico, observador extraordinario de los comportamientos de algunos animales y que cuando sus hijos nacieron comenzó a analizar sus comportamientos siguiendo los mismas pautas que en sus estudios de Biología. Piaget es el padre de la epistemología genética, pionero de la psicología evolutiva. Sus teorías han sido ampliamente conocidas y aplicadas.

A menudo tendemos a examinar los hechos de las guerras civiles como entomólogos, con precisión descabellada y aplicando solo el principio de la ideología. “Quitaron a este por ser…”; “mataron al otro por..”. Y, en mi entender, no siempre fue así. No solo fue por eso. Sobre todo en lugares pequeños no tan profundamente politizados como otros más extensos o cruciales, objetivos para lograr un fin o una meta, conforme pensaba el que tuvo la fuerza. Y eso da miedo, amigos. El que también las pequeñas miserias hiciesen de las suyas.

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