AFP7 / Europa Press

Desde mi ventana
Carmen Heras

Era esperable que tanto si España ganaba el Mundial de Fútbol, como si no, las opiniones, mensajes, los elogios o los insultos llenarían los telediarios. Los humanos somos así y unos por cálculo, otros por convicción, la mayoría por instinto, se mueven, nos movemos, entre la inteligencia, la objetividad y las fobias y filias diarias sobre nuestro entorno y lo que lo conforma.

Es pues el momento de dejar el falso teatrillo que rodea cualquier competición. Poner en su justo término los aspectos más trascendentes del asunto, o los contrarios, diluir ese absurdo juego de hacer de todo una película política con buenos y malos. Porque analizando con calma nuestro mundo, aún a vuelo de pájaro, se sabe que los dignatarios asisten a un encuentro deportivo por variadas razones pero no para “restregarle” a un hipotético competidor sus victorias. Sobre todo si éstas son suficientemente pagadas cobrando sus artífices una buena prima, amén de fama y trayectoria profesional, que los proyectará a otros puestos, que a su vez darán derecho a otra buena prima, etc. De forma y manera que, si no pierden el rumbo y disponen de buenos asesores, podrán estabilizar su presente y su futuro. Para siempre.

Es interesante el respeto de los jugadores más jóvenes por sus madres. Tanto Yamal como Williams lo muestran (esperemos que no sea parte del cuidado de la imagen) en cualquier ocasión que se les presenta, lo que explica la importancia de ellas en sus vidas y la transcendencia de su hacer y su legado. Tomen nota muchas mujeres actuales del mensaje. Porque en la opinión publicada, cada vez surge más fuerte el relato de que para tener influencia y ser clave en su entorno, las mujeres no siempre necesitaron discutir todos los días un ratito sobre sus derechos. Ni buscar continuamente un “adversario” para confrontarlos. Mas bien, son capaces de sobresalir y liderar por la fuerza de unas acciones, dada la capacidad innegable de la mente y el instinto en consonancia cuando se tiene claro la importancia de la familia.

Tendremos ahora múltiples días de exaltación, el ser humano necesita a los héroes y los medios de comunicación el espectáculo. “Bien está lo que bien acaba” (como diría mi madre) y “Si se pueden hacer las cosas bien, ¿para qué hacerlas mal?” que diría mi padre. Pues eso escribo yo, en este mes de julio. Demos un poco de tregua a las trincheras. Y disfrutemos. Pues se puede ser feliz en un instante. Sin mirar de reojo al contrario para meterle una patada en la espinilla. Solo por un ratito, por favor. Nadie está siempre en el lado correcto de la historia. O tal vez puede que lo estemos todos, pero eso es otro cantar para otro día…

Impongamos una sana relatividad en el común enjuiciamiento de las cosas. Y en entorno común deshagamos un poco las ganas de estar continuamente criticándonos. Ya lo hacen quienes tienen que rellenar un espacio, bien sea en un medio o en la política. Pero reconozcamos levemente que puede que no lo acierten todo. Recordemos ejemplos de la historia. Cuando se leen algunos textos sobre los antecedentes de la guerra civil que vivieron nuestros padres se comprende muy bien esto que digo. Y la pregunta es qué hubiera sucedido si otros hubieran sido los mimbres de los cestos. Y otra el enfoque. No repitamos trayectorias nefastas.

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