La bruja Circe
Qué frío hace, decimos y repetimos, miramos y remiramos los anuncios del tiempo y nos olvidamos de secuestros, de inferencias en otros países, de guerras y nos quedamos fijos en lo inmediato del frío. Sea pues como decís mi señora sociedad.
Hace frío, sí y es desagradable, para el día a día este exceso de lluvias y humedad. Pero tradicionalmente, se hacían las matanzas que eran el sustento de proteínas de muchas familias durante casi todo el año.
Y se hacían en este tiempo, porque hacía frío, las moscas y muchos insectos estaban en letargo y el chorro polar que entonces llamábamos biruji, curaba los embutidos y jamones.
Donde yo me crie, era el tiempo de los carámbanos de hielo, tiempo de chimeneas encendidas, de embutidos ahumándose, de migas en el fuego de leña, de pucheros, cocidos o alubias bien aliñadas y dejadas al rescoldo de fuego mañanero por horas, mientras cada uno de la casa hacia su trabajo.
Una de las experiencias que me llevaré al otro plano cuando me vaya, eran las patatas con huesos de espinazo o con costillas. Como diría mi sobrina: «me requetéchiflan».
Esos días de fríos tenían sus fiestas y a nadie le ha importado si los tejados eran blancos. Ante una fiesta, se nos encienden los sentidos, se nos emociona el fervor y los recuerdos, se nos despierta la picazón de bailar y ver las jotas, las danzas tradicionales y los trajes antiguos. Sea San Antón, los Negritos, Jarramplas, los Santos Mártires, el cuerpo aguantaba y si al siguiente día moqueábamos, pues era cosa del tiempo.
Y por fin, relacionados con los coletazos del invierno, San Blas. Que trae muchos trasiego de migraciones, unos llegan del sur y otros se marchan al norte, hay en el aire un movimiento sutil una vibración extraña en el aire, de renovación y cambio.
Parece que, como a las aves, nos entra la inquietud por cambiar, viajar, o encontrar retos nuevos.
Pero bueno está, ojala cuando llegue el calor podamos continuar quejándonos como niños de estas cositas. Bendiciones a todos.



























