Hablar con Dolores Paz es encontrarse con alguien que no necesita proclamar el cambio porque lo ha vivido desde dentro. Como gerente de Pronorba en un sector donde el hormigón y el metal han marcado históricamente quién mandaba y quién no, su trayectoria dice más que cualquier eslogan. Y sin embargo, cuando se le pregunta si tuvo que esforzarse más que sus compañeros hombres para hacerse valer, su respuesta descoloca por su honestidad.

“La verdad que no sentí que tuviera que realizar ningún esfuerzo extra de forma generalizada, ya que, aunque trabajo en el sector de la construcción donde históricamente siempre había más hombres que mujeres fundamentalmente en la obra, yo particularmente siempre he trabajado como abogada, donde el porcentaje de hombres y mujeres es más igualitario.”

Su experiencia apunta a algo que a menudo se pasa por alto en el debate sobre la mujer en la empresa: que las barreras no son uniformes, y que el punto de entrada al sector condiciona mucho la experiencia. Dolores Paz no llegó a Pronorba desde la obra, sino desde el derecho, y eso marcó un recorrido diferente. Pero eso no significa que el camino haya estado libre de obstáculos.

La diferencia entre un prejuicio y una costumbre es que el prejuicio se puede señalar y rebatir. La costumbre, en cambio, se escuda en la tradición. Dolores Paz lo sabe bien: lo que ha tenido que cambiar a su alrededor no eran actitudes hostiles, sino formas de entender el trabajo y la vida que llevaban décadas sin cuestionarse. Un cambio menos visible, pero no por ello menos exigente.

«Más que prejuicios, he derribado costumbres instauradas durante otras épocas»

La maternidad y la carrera profesional han sido durante décadas un dilema impuesto casi en exclusiva a las mujeres. Cuando se le pregunta si Cáceres, con su tejido empresarial más tradicional, supone un hándicap adicional frente a una gran ciudad, vuelve a sorprender con una respuesta que va al fondo de la cuestión.

“No creo que tenga que ver tanto el tejido empresarial tradicional o no, sino el propio sector en el que desempezñes tus funciones laborales. En sectores en los que, por costumbre, las mujeres desempeñan habitualmente otras funciones no directivas, es más difícil ser mujer y líder, aunque esta dificultad ya nzo se nota en las nuevas generaciones, para las cuales no importa el género sino las cualidades de cada persona.”

Y ahí está quizás la clave de todo: las nuevas generaciones. Porque si hay algo en lo que Dolores Paz se muestra claramente optimista es en el relevo que ya está llegando, también en los perfiles más técnicos, los que durante años parecían reservados casi por decreto a los hombres.

En un día como el 8 de marzo, en el que los titulares suelen competir por la contundencia, el mensaje de Dolores Paz opta por algo más difícil: la precisión. Si hay una idea que resume el camino recorrido y el que queda por delante, es esta: el objetivo no es que haya más mujeres líderes porque sean mujeres, sino que nadie deje de serlo por esa razón. Dolores Paz lo dice sin rodeos: el foco tiene que estar en las cualidades, en la capacidad de cada persona para responder a lo que su entorno le exige. Cuando eso sea lo único que importe, habremos llegado a algún sitio.

Un mensaje que, viniendo de alguien que lleva años demostrándolo con su trabajo, suena a algo más que una declaración de intenciones.

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