Historias de Plutón
José A. Secas

No tuve la suerte ni el honor de estar presente en la fiesta primigenia de La Machacona, pero de un jolgorio de amigos locos e imaginativos se pasó a un festival de traca. En la edición de 2012 de la Plaza de San Jorge, el lado hortera del que suscribe pudo brillar en todo su esplendor. Fui jurado de los prestigiosos premios «Riñonera de Oro» y «Hombreras de Plata» y mi personaje Tipo A de calidad Plus Cinco Estrellas Top Luxury comenzó a mimetizarse y hacerse arte y parte del fiestón más super-mega-guay que conoció el ser humano en toda su diversidad en este lado del mundo.

Luego vinieron los festis de la Plaza de Toros, los del Teodoro Casado, y se fueron consolidando por todo lo alto en el Multiusos. Desde hace dos años el fiestorro solo cabe en una supercarpa ubicada en el Ferial. Supongo que todo este despliegue se puede superar, pero en cada edición uno siente que está disfrutando lo máximo que se despacha en el apartado existencial de vivencia libre, divertida, excéntrica, inclusiva, cachonda, desinhibida, extravagante, kitsch, bizarra y atómica. He dicho que se puede superar y es mentira. Es in-su-pe-ra-ble. Telojuro poresnupi.

Te paras a ver lo que te rodea y te da algo (un patatús, por ejemplo): jovenzuelas y niñatos, tipos y tipas, señoronas y señoros estirados y políticamente correctos haciendo y deshaciendo campañas electorales o propósitos de enmienda y presidiendo juntas de propietarios. Todos ellos monótonos, aburridos, grises de alma y de espíritu. Disimulan, pero arrastran una necesidad espiritual íntima y ardiente de liberación y desparrame, de sacar la gaita y partirse la camisa, de liarse la manta a la cabeza o soltarse la melena, de echarle guindas al pavo y tirar la casa por la ventana; en definitiva: de partir con la pana.

Sabes perfectamente que tú has nacido para ser feliz y que el mejor caldo de cultivo se encuentra bailando la música de la Carrà o en la pista de los coches chocones. Te mereces hacer el mamarracho (y la mamarracha, porque hay algunas que telita…) como el que más. En un lugar cateto y provinciano como Cáceres, donde el carnaval es un fracaso institucionalizado, la verdadera puerta de la libertad y el desparrame gozoso está en Horteralia. Y punto. Frente al rigor mortis de la etiqueta y la sosería de provincias, Horteralia es una trinchera post-pop de la alegría donde no hay sitio para el postureo ni el clasismo, pero sí para todo lo contrario. Lo declaro a los cuatro vientos y sin disimulo: la quiero con pasión incondicional, como remedio contra la mediocridad y como ejemplo de convivencia sonriente. Allí se cantan a pleno pulmón canciones pedorras que tienes incrustadas en el disco duro, y si están ahí, por algo será. Y se baila. Mucho. Y uno alucina con las pintas, las vitolas y los modelitos que gasta la peña. Im-presionantes. Qué delirio, qué risas y qué buen rollo. Mencanta.

Para que te hagas una idea de cómo brilla el personal, te voy a describir a un hortera de manual: repeinado topatrás sin complejo alopécico alguno, gafas de filtro amarillo para conducir de noche, bigote de herradura y palillo en la boca. Viste traje de chaqueta blanco sobre una camisa colorida y desabotonada que deja ver su pelo en pecho y una cadena de plata (la de oro es para los domingos). En el ojal de su chaqueta lleva prendida una flor de plástico natural y en el bolsillo superior despunta un peine de imitación carey. El pantalón, también blanco, le aprieta la bajopanza sobremanera y no es necesario el uso de cinturón. Las perneras son de un ancho indefinido pasado de moda en cualquier época. Marca paquete. Los zapatos de color beis clarito están calados con elegantes y minúsculos agujeritos. Los calcetines de perlón color morado y con una carrera le aportan al conjunto una madurez atemporal. Un pibón pa comérselo to.

A su vera, la chavalita hortera Pro Guan Elite Maxi Premium Tipo «de lo last»: cardado perpetrado a punta de cepillo de púas y a prueba de huracanes gracias a medio bote de laca Nelly, sombra de ojos azul eléctrico, de la que da calambre, hasta las cejas y unas pestañas postizas de lo más naturales y expansivas. Hombreras de jugadora de fútbol americano, mono de licra apretao con estampado de leopardo y riñonera brilli-brilli a juego con unos aros en las orejas que servirían para columpiar a los periquitos (los pendientes buenos están depositados en la caja fuerte del banco, of course). Medias de rejilla, botas blancas de caña alta y abanico de recuerdo de Benidorm para darse aire en los bises. Huele a colonia de mercadillo con nombre francés. Marca escote. Y luce sonrisa con dientes manchados de carmín color rosa explosivo. Sonrisa auténtica, como toda ella. Seductora y seducible… un tesoro.

De la música no te digo nada: es lo más de lo más. Este año está Camela como estrella del cartel —ha costado convencerlos, pero lo van a flipar— y en los momentos de animación, pinchadiscos y atracciones volverán a sonar los clásicos del imaginario hortera y queer: Raffaella Carrà, Georgie Dann, Camilo Sesto, Baccara, King África, Alaska, Chimo Bayo o Sonia y Selena, entre muchos otros. No te puedes hacer una idea de lo que se cuece en el cerebro humano cuando diez mil almas desafinan al unísono el ¿A quién le importa? Es una especie de exorcismo colectivo donde la alta cultura intelectualoide se rinde ante el poder curativo y catártico del estribillo pegadizo y pegajoso.

Bueno, qué, ¿te vas a venir conmigo este año? Ya te digo yo que es el planazo más guapo y disfrutón que te van a proponer. Sesión doble de viernes y sábado los días 23 y 24 de octubre en La Carpa del Ferial. Un no parar que nos va a dejar los pies doloridos y la sonrisa ancha. Yo ya sé cómo voy a ir —es lo bueno de tener un personaje uniformado que reproducir— y tú solo tienes que rebuscar en el armario, ir a casa de tu tía la moderna y yeyé que lo guardaba todo o pasarte por Kike’s, que tienen material suficiente para horterizar a medio Cáceres.

Soy un maldito apologeta de la causa y un entregado proselitista del sentido hortera de la vida. Soy un vendedor de motos de carreras en la puerta de unos futbolines, un apóstol del cachondeísmo ilustrado superior, un arzobispo de Constantinopla que se quiere desarzobispoconstantinopolitanizar a tu lado en el festival más divertido del mundo mundial. Te lo digo desde el corazón y con la complicidad que dan muchos años de militancia. Soy un clásico. Vente, anda. O, mejor, cuarenta…

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: grupos de mozas atacadas on fire más allá de los Coches Chocones. He visto purpurina y lentejuelas brillar en la oscuridad cerca de las Puertas de los Lockers. Todos esos momentos se atesorarán mucho tiempo, al contrario que las lágrimas en la lluvia. Es hora de mearse de risa».

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Titan Security to reduce spam. Learn how your comment data is processed .