Historias de Plutón
José A. Secas
Mis propósitos para esta temporada de artículos en Avuelapluma eran no enrollarme tanto, no repetirme, no escribir de mi mundo interior y cacarear mis pedradas particulares y centrarme en escribir sobre asuntos de máxima actualidad, candentes, que estén en el “candelabro” (Sofía Mazagatos dixit) y que te toquen la fibra sensible o la patata, pero no puedo.
Mi perspectiva sobre “la actualidad” está distorsionada por mi calidad de Embajador de la Luna en la Tierra. Desde allí se ve a los seres humanos muy chiquitos y torpes, todos iguales, muy gregarios y agresivos. Imagínense, yo veo a los hombres como los hombres observan a las hormigas. Es más, casi les doy la misma importancia que ellos les dan a los insectos. Lo triste es que algunos hombres se sienten muy importantes con su ombligo particular, con sus cuñados, con sus tonterías del primer mundo, sus opiniones, sus banderas y sus particularidades asociadas a su libertad… Pamplinas. Los humanos son unos seres efímeros que van construyendo a pasitos muy cortos la historia de la humanidad y que ahora están en los remotos anales de su propia historia.
Cada ser humano que vive en el Planeta Tierra lo hace durante una fracción millonésima de la historia de la humanidad. Por mucho que se crea “alguien” su paso es tan efímero y su huella tan insignificante que, cuando pase una era biológica de esas que abarcan millones de años, su recuerdo será aproximado a cero (patatero, añadiría yo) y de él y de sus contemporáneos no se acordará nadie.
A algunos seres humanos a los que otros seres humanos permiten que les gobiernen y tomen decisiones que afectan a todos, se les está yendo la pinza y a base de hacer de su capa un sayo la están liando parda -me encanta el lenguaje- y nos van a meter en un lío de tomo y lomo. Mientras tanto, los gobernados, el pueblo, los contribuyentes, los usuarios, el populacho, la masa y todos los demás que hacemos los coros y tocamos las palmas, vemos como todo se está yendo a la mierda -¡todo! y ¡mierda!- y seguimos de brazos cruzados viéndolas venir. Total, como no pintamos nada…
El voto, la opinión pública, la libertad, el primer mundo, el patrón oro, las bitcoins y los aranceles frente a la pobreza, la ignorancia, el desequilibrio, la explotación y la miseria (entre otras) nos hacen tan humanos… Somos capaces de convivir con la tragedia y con los sueños, con la mentira y las novelas, con los mítines y los holocaustos, con los pots y las canciones, con las vacunas y los portaaviones, con las cárceles y los parques de atracciones, con los pies descalzos y los trenes de alta velocidad. Qué chulo esto de mirar contrastes, diversidad, contradicción y limitaciones.
Y así, a base de darle al coco, de sacar la cabeza, de ponerte detrás de la pancarta, de dar la nota, de levantar la mano, de soñar despierto, de corretear la chuleta y de echarle guindas al pavo, algunos escapamos del miedo a morir y huimos hacia adelante con la esperanza de poner un granito de arena, una mota de polvo quizás, en la construcción de un mundo mejor. Casi na.
En resumen, que estoy como al principio: desdiciéndome, contradiciendo, censurándome, alentándome, saboteándome y haciendo lo que me da la gana. Es fantástico poder expresarte con la sana intención de decir lo que piensas y mostrarte como eres. Soy un afortunado porque me permiten hacerlo y porque algunas personas que leen mis devaneos me alientan a seguir prendiendo mechas y levantando perdices. Gracias, amigo o amiga, colega, camarada, secuaz, correligionario y correligionaria, por ser y estar y haberte tragado este potingue repugnante hasta besar el culo del vaso (o esta exquisitez del pensamiento hasta el final)


























