La bruja Circe

Para los pueblos de una economía tradicional agrícola y ganadera, y más los que tenían mucho de trashumantes, septiembre es un mes de fiestas.

Llegaban las ovejas y las vacas de los pastos de alta montaña y con ellos los carros, las familias, el cambio de estación, la bajada de las temperaturas y las últimas cosechas para prepararse antes del invierno.

Eso propiciaba encuentros y reencuentros, que derivaron en ferias y fiestas, que al tiempo y con la llegada de nuevas costumbres se pusieron bajo la advocación de algún Santo protector, alguna Virgen o Cristo milagrero.

No creo que en Extremadura haya ningún pueblo que no tenga ferias de septiembre.

Y aunque las cosas hoy se organizan de otro modo nos quedan nuestras tradicionales ferias y las nuevas fiestas adjudicadas a pito-pito gorgorito que con esa picazón, desconocida que nos da la memoria racial, terminaron siendo adjudicadas a septiembre.

Para nosotros el día ocho de septiembre es el día de nuestra comunidad de forma tan coincidente en el tiempo con las viejas costumbres. En cuanto a que sea o no su celebración primera en Guadalupe, no olvidemos que cuando esta tierra participaba de la política general en los inicios del reino de España, el rey Fernando ll eligió Guadalupe para firmar y promulgar la Sentencia Arbitral de Guadalupe, en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, que puso fin a un conflicto que desangraba a los países catalanes.

Y de todos modos ¿quién no quiere hacer fiesta en septiembre? Tiempo de las últimas moras y de las primeras setas, días en que las parras ya cargan racimos y engordan los cerdos, tiempo de reencuentros.

Bienvenido septiembre y feliz regreso de vacaciones.

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