Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Jesús, hijo de Dios, murió por segunda vez en la Cruz, crucificado por los cristianos.

Había nacido en el seno de una familia de trabajadores emigrantes, que huyeron de la persecución de un déspota para refugiarse en Egipto. Fue un refugiado, un exiliado, un inmigrante en la Tierra del Nilo. Nació en un pesebre, porque los buenos creyentes del pueblo de Belén le cerraron las puertas, le negaron la hospitalidad, le escamotearon un techo y un fuego bajo el que cobijarse.

Cuando creció, alzó su mano para defender a una mujer pecadora a la que los buenos creyentes querían lapidar, echó con un látigo a los mercaderes del templo, negó el paraíso a los ricos, prefirió a un samaritano (un extranjero en la tierra de Judá) antes que a un autóctono, se rodeó de ladrones, mendigos, lisiados, mujeres de mala fama y recaudadores de impuestos y no se cansó de hostigar a los poderosos, a los fanáticos religiosos (los fariseos) y a los intolerantes.

Y cuando murió, sus seguidores lo convirtieron en Dios.

Y entonces llegó la Iglesia. Abrió sus puertas a los ricos y poderosos a los que tanto despreciaba Jesús. Condenó a las mujeres pecadoras, a las que tanto había defendido Jesús. Expulsó a los ladrones, los vividores y los rebeldes, quienes habían formado parte del séquito de Jesús. Y estableció rituales y ceremonias, que tanto habían disgustado a Jesús. Las Iglesias volvieron a crucificar al hijo de Dios por segunda vez. Los mercaderes volvieron al Templo.

Las Iglesias volvieron a crucificar al hijo de Dios por segunda vez. Los mercaderes volvieron al Templo

Políticos “cristianos” de VOX y del PP claman contra los inmigrantes, olvidando que Jesús fue un inmigrante, un refugiado, un niño que tuvo que huir de su país y que había dicho “porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis” (Mateo 25. 35). VOX y el PP crucifican todos los días a Jesús.

Obispos y políticos cristianos claman contra los homosexuales, las lesbianas y las personas trans, apelan al fanatismo, alientan los odios, invocan el infierno aquí en la tierra en nombre de un profeta que quiso estar al lado de los oprimidos frente a los opresores. Y es que este 25 de diciembre, y todos los días del año, Jesús, hijo de Dios, es de nuevo crucificado en la cruz por esa parte de la Iglesia y por esos seguidores cristianos que no quieren saber lo que él predicó.


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