Como prometí, he abandonado el norte y me he adentrado en tierras pacenses para sacar esos 7 lugares de la provincia de Badajoz que, para mí, tienen un encanto especial. Subrayo el “para mí”; que esto no deja de ser una guía subjetiva, sin pretensiones, realizada por un guiri quijotesco y cargada de buen rollo para poner en valor una tierra desconocida para muchos: Extremadura. ¡Salud!

PANORÁMICA-CASTILLO

1. 

Castillo de Feria

Construido allá por el siglo XV, se ubica en un enclave privilegiado desde el que se domina una enorme panorámica de la Tierra de Barros y su paisaje rojizo tan característico. Vamos, que las vistas son impresionantes, infinitas; hasta para un miope . Obviamente, el día tiene que estar despejado. Es un castillo turístico, tanto es así que acoge en su interior un museo y un centro de interpretación. Maquetas, muebles y enseres de la época jalonan la visita por esta imponente fortaleza, hasta desembocar en su famosa Torre del Homenaje, de planta cuadrada y esquinas redondeadas.

Hasta llegar al castillo hay que atravesar el pueblo de Feria, que ofrece unas calles muy empinadas y estrechas al conductor, si vas en coche. Tómatelo como un reto.

regina

2.

Teatro romano de Regina

Buscar la huella romana en tierras extremeñas es uno de los mejores pasatiempos que ofrece esta tierra a propios y extraños. Es uno de los tres teatros romanos de Extremadura. Vale, el de Mérida es la maravilla por excelencia, pero el Teatro de Regina (que también es sede del Festival Internacional de Teatro Clásico) es uno de los mejores conservados de toda la Hispania romana, situado en la localidad pacense de Casas de Reina. Si te emocionas con los peplum de antaño, los de cartón-piedra, con películas como “Gladiator” y series tipo “Spartacus”, no puedes dejar de pasar por este lugar. Todo un monumento que se aguanta en pie aun hoy, sin argamasa ni cemento. Ya quisieran Calatrava y otros iluminados de la arquitectura…

Se organizan visitas guiadas, en las que además se contempla el Templo de la Piedad Augusta dedicado al culto del Emperador Tito. Desde el teatro se divisan las ruinas de una majestuosa alcazaba árabe. ¿Se puede pedir más?

zafra

3.

Plaza Grande y Plaza Chica de Zafra

Camines por donde camines por Zafra es necesario desembocar en su Plaza Grande, casi completamente porticada y muy frecuentada por sus múltiples terrazas. Zafra bulle en esa plaza (en las dos, de clara influencia mudéjar). La vista está dominada por la torre de la Candelaria, pero el ángulo más atractivo de este rincón es el que se obtiene entrando desde la Plaza Chica por el Arquillo del Pan bajo. En un principio, no es fácil distinguir el arco que conecta estos dos lugares, pero ahí reside parte de su encanto.

Al sombreado de las palmeras, estas dos plazas han sido escenario de ventas y ferias desde épocas medievales. Hoy ya no se comercia; se tapea. Un rincón al que asomarse en cualquier época del año. Una ciudad con mucho encanto, cuidada y con ambiente a casi cualquier hora.

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4.

Castillo Templario Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra

Un castillo que sirvió como plaza de abastos en el siglo XX, hasta el año 1950 merece una visita, aunque solo sea por esta estridencia propia de otros tiempos. Muchas de las tierras y fortalezas de Extremadura fueron esenciales para la orden Templaria en la Península Ibérica. Castillos como el de Alconchel, Villanueva del Fresno y Capilla ayudan a revivir la leyenda templaria, a pesar de que su prohibición, en el siglo XV, casi borró del mapa su rastro.

En este sentido, el de Jerez de los Caballeros es el más lucido, no en vano acoge el Festival Templario cada verano.

Si te gusta el rollo macabro, la fortaleza alberga la llamada Torre Sangrienta, que fue testigo del trágico final de los últimos caballeros de la Orden del Temple en Extremadura. Allí los caballeros fueron degollados por las tropas reales y arrojados al vacío. Todo muy rollo “Águila Roja”.

El de Fregenal de la Sierra,  encomendado a la Orden del Temple en el siglo XIII, alberga en su interior la Plaza de Toros (siglo XVIII) y el Mercado de Abastos (siglo XX). Todo muy curioso.

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5.

Iglesia de la Magdalena en Olivenza

En plena fiebre romana como la que los extremeños han vivido con el Puente de Alcántara (que ya es Mejor Rincón 2014), está bien recordar que la iglesia de la Magdalena de Olivenza fue elegida como “El Mejor Rincón de España 2012” de la Guía Repsol. Por la belleza de sus columnas, por la luz espectacular que la invade cada mediodía… No lo digo yo. Lo dice la Guía Repsol, que aunque tampoco es que sea el Sursum corda en materia de turismo, pues resulta que su web obtiene millones de visitas al mes. Sí que es cierto que al mediodía es la hora mágica en la que se debe visitar este monumento; cuando los haces multicolores de las vidrieras rebotan de lleno en las curiosas columnas de esta iglesia.

Es una obra realizada a conciencia, con muchos detalles de calidad, durante la época en la que los lusos dominaban Olivenza, a principios del XVI. Retablo barroco y paredes repletas de azulejos que narran diferentes episodios religiosos. El influjo portugués de la época manuelina. Imprescindible.

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6.

Ermita de la Virgen del Ara

Si a Zafra la llaman la “Sevilla chica”, a la ermita de la virgen del Ara se la considera como la Capilla Sixtina de Extremadura, debido a los admirables frescos de su interior, del siglo XII al XVIII; con alucinantes imágenes entre zodiacales y bíblicas. Data del siglo XII y, según la leyenda, el Rey moro Jayón le construyó la ermita a la virgen en agradecimiento por haberle devuelto la vista.

La ermita tiene un horario un tanto peculiar, así que es mejor ponerse en contacto con anterioridad con el Ayuntamiento de Fuente del Arco, para asegurarnos de no contemplar esta pequeña joya solo por fuera y echar un viaje en balde…

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7.

Arco de Trajano en Mérida

Es el monumento más integrado de la ciudad de Mérida. Pasar junto a él puede resultar hasta casi desapercibido pues todo lo que le rodea remite a la vida moderna. Y, sin embargo, es uno de los rincones más singulares de Extremadura. Es el acceso principal al conjunto monumental emeritense. Se podría decir que aquí empieza todo. En su momento, el arco fue de mármol; hace mucho que solo es ya de granito. A saber si ese mármol también se lo llevaron al Vaticano… Mientras algunos historiadores lo consideran como una puerta monumental, otros interpretan este arco como una simbólica puerta de acceso a un templo de culto imperial.

Con sus 15 metros de altura y sus más de 2.000 años de historia, es un rincón que se ha convertido en seña de identidad de establecimientos comerciales, bares, restaurantes y todo lo que tenga que ver con el bullicio emeritense, porque los bares de copas abundan más que nunca por esta zona, próxima a la plaza de España. En definitiva, un lugar desde dónde empezar tu vista a la Mérida patrimonial o a la Mérida de la fiesta.


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