MENU

Vigilante nocturno en un centro comercial

seguridad-privada-web

La melodía hueca de las pisadas
vuela por los pasillos
y rebota en la penumbra
de escaparates y estanterías.

El vigilante guarda en la caja de sus deseos
un collar de horas tranquilas y replicadas
hasta el infinito insoportable.

Sobre su frente luce una tiara
de espinas grises que penetran
en las cicatrices de los días pretéritos.

Lleva la condena del carrusel atada a sus tobillos
y la mirada del OJO tatuada en la nuca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: