Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

¿Cuánto nos ha costado a los españoles la corrupción? La pregunta quedó flotando en el aire del hemiciclo. Directa y simple. ¿Cuántas becas? ¿Cuántos pisos de protección oficial? ¿Cuántos rescates a ciudadanos? ¿Cuántos proyectos de cultura? Porque el dinero que nos han robado en forma de contratos inflados y adjudicaciones a dedo, sobresueldos ilegales, financiación en B, viajes pagados, cenas, putas y juergas, tarjetas negras, cajas de Moët Chandon y Vegas Sicilias, relojes de lujo, ferraris y hasta confeti en fiestas de cumpleaños, todo ese dinero se ha detraído de los recursos públicos y suponen menos escuelas, menos hospitales, menos ofertas públicas de empleo o menos ayudas en libros de texto.

¿Cuánto nos ha costado la corrupción? preguntó Pablo Iglesias en el Congreso al Presidente Mariano Rajoy, quien en unos días acudirá a un juzgado para testificar en el proceso que juzga a su partido por financiación ilegal.

El Presidente, leyendo papeles, solo dijo “¡Venezuela!”. Es la fórmula habitual entre los ladrones del PP y los políticos del PP que quieren tapar las vergüenzas de su partido para sustraerse a la pregunta que interpela: Venezuela. ¿Qué nos están juzgando por pagar obras en la sede nacional en B? ¡Mira, Venezuela!. ¿Qué llevamos varios tesoreros, presidentes de Comunidad y Alcaldes encarcelados por robar? ¡Eh, Venezuela! ¿Qué somos el partido con más imputados de la reciente historia democrática española? ¡Oye, y Venezuela! ¿Qué nos hemos repartido millones en forma de sobresueldos ilegales mientras dábamos contratos inflados a empresas que nos financiaban también ilegalmente? ¡Ah, Venezuela, Venezuela, Venezuela!

Por eso, amigos lectores, cada vez que escuchéis a un cargo del PP hablar de Venezuela, sabed que en ese mismo momento un cargo del PP – tal vez él mismo – os está robando ante vuestras mismísimas narices.


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