vacacionesHistorias de Plutón/
José A. Secas

 

De las pocas cosas repetidas hasta la suciedad en los debates y en los mítines que se me están quedando archivadas en el disco duro de mis cortas entendederas, la que más me duele es la de que casi la mitad de los españoles (45% dicen), no podremos salir este verano de vacances ni una maldita semana. Yo, que soy empresario-emprendedor-autónomo-enrea, llevo muchos años sin vacacionar “comodiosmanda” y siempre me ha dado igual porque sé dosificar mis descansos, atender mis negocios y descansar y desconectar en periodos cortos más o menos -mejor o peor- repartidos a lo largo del año; pero lo que si me fastidia de verdad es que aunque quisiera, no podría.

Si, estoy paupérrimo (solo temporalmente; espero) y no me importa cacarearlo a los cuatro vientos. Tengo ese consuelo de tonto que me hace sentir menos mal sabiendo que hay muchos como yo y que soy una víctima más de la crisis (pertinaz, como la sequía en tiempos de Franco) y que tengo que capear el temporal y asumir las circunstancias tan ligadas a mi yo, mi otros yoes y ese mecanismo que tengo yo mismo que, mirustepordonde, me hace “resiliente”, abnegado, inasequible al desaliento, enfermamente optimista y muy capaz de superar la frustración por inoportuna y persistente que sea. En una selección de personal de estas modernas en las que no importan tus títulos ni tu experiencia, ganaría la plaza por mi “inteligencia emocional”. ¡Qué satisfacción interna me entra (pero me quedo sin vacaciones, joder)!.

Y en las puertas del tercer párrafo se me queda la cara de tonto, soñando con que una lotería a la que no juego o que un gobierno en el que no creo, saquen de la ruina a mi primero y a todos mis compañeros (el 45%, ya saben). Esa cara se me agria cuando el proceso mental va digiriendo y anticipando los sinsabores que he de pasar este veranito cuando vea las fotos del Hola (o las imágenes de cualquier telediario) de la Familia Real en Marivent o Ana Obregón en la playa, mientras los políticos que nos hemos agenciado siguen con pactos y repactos antes y después del “paréntesis veraniego” o de las “merecidas vacaciones”. Ellos si, yo no. ¿Envidia cochina? Pues no. No gasto mi energía en pecados capitales que no sean inmorales o engorden. Me voy a tomar mi ración de ajo y agua, encenderé velas, elevaré plegarias, miraré en mi interior, me nutriré del amor de mis seres queridos más cercanos y soñaré; si, soñaré con una brisa marina, un viento de montaña, un huracán caribeño y un tsunami llevándose por delante unos cuantos ricos que no se lo merecen. Disculpen; me he dejado llevar… Como diría el Campechano: “Lo siento; me he equivocado y no volverá a ocurrir”.


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