Desde mi ventana
Carmen Heras

Me ha gustado sobremanera la fábula de María Zambrano, leída en un artículo de Casado-Sánchez Gey, sobre aquel sultán que pidió a dos afamados artistas la decoración de unas paredes opuestas en su palacio. Una fue pintada con todo tipo de detalles chinos, hermosísimos de ver; la sorpresa la obtuvo al visionar la otra: había sido pulida y preparada de tal modo, que cuando se descubrió vióse que toda la pintura china de la pared de enfrente se reflejaba, con tonalidades extraordinarias y “las formas, los colores alcanzaban una belleza inimaginable que no parecía ser ya de este mundo: una nueva dimensión (…) para los ojos y la mirada humana…” “y la lección, (…) sería ésta: que nada es feo si se lo mira en otro medio más puro, más inteligente”.

Prejuicios son las generalidades sin contrastar. Prejuicios son las maneras torticeras de enfrentarse a una cuestión

Confieso que siempre me intrigó María Zambrano, aunque fuera incapaz de leerla dos días seguidos, por lo compacto y denso de sus argumentaciones; pero esa figura de mujer cultivada en un momento determinado de la historia de España siempre me ha producido interés. Sólo los entendidos han reconocido el valor de su obra, en este país nuestro tan difícil y tan de extremos, pero si hablamos de inclinaciones, que duda hay que cada uno de nosotros tenemos aquellas para las que nos prepararon, por acción u omisión, en cada uno de los detalles de nuestro crecimiento intelectual o físico. Con códigos de conducta construidos a partir de las concepciones generales de vida, pero también a partir de los pequeños gestos de nuestra educación e instrucción particulares.

Hoy soy muy consciente de que la atención ha ocupado un lugar importante en todo ello y que la curiosidad que sentimos por un campo determinado de la realidad educa mejor esa atención, que no es otra cosa que la apertura receptiva de la percepción (en palabras, otra vez, de María Zambrano), y permite “quitar y no poner” las ideas inadecuadas que invaden nuestra conciencia. Los llamados prejuicios.

!Ay, los prejuicios¡ El mundo está lleno de ellos. Me he preguntado muchas veces, quizá demasiado cándidamente, el por qué de muchos, el cómo es posible que vayamos más a la anécdota que a la categoría, cuál es el motivo de que la educación mínima brille tantas veces por su ausencia y el significado de algunos términos sea distinto para unos y para otros.

Prejuicios son las generalidades sin contrastar. Prejuicios son las maneras torticeras de enfrentarse a una cuestión. Prejuicios son las clasificaciones, a priori, en buenos y malos, en idóneos y no, en tipo A y tipo B. Y hasta prejuicio es esa cautela de quienes deciden que existen asuntos que no les incumben, en base a su propia estabilidad coyuntural. En los lugares pequeños, aún se perciben mas claramente. Sin coherencia alguna.

Alguien debiera desbrozarlos. Para ayudar a la humanidad a crecer…


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