MENU

Una casa en la playa

Mi ojito derecho
Clorinda Power

Asunto: Te puede interesar.

Abro el email de mi padre. Es un link. Pincho y la pantalla de mi ordenador se llena con letras de luto: El Gobierno ayudará con hasta 10.800 euros a jóvenes para la compra de una vivienda. Regreso al email de mi padre y confirmo que no se trata de ninguna equivocación. Mi padre cree que me puede interesar comprar una casa. Me sonrío y pienso en el miedo que tengo a perder mi trabajo, en el miedo que tengo a que me suban el alquiler, en el miedo que tengo a empezar de cero otra vez y en todos los miedos que tengo guardados en el armario que he ido acumulando en estos treinta y cuatro años.

Tecleo una respuesta rápida, no quiero perder ni un minuto, no quiero que mi padre gane un minuto: ‘Estiy bastante convencida de no comprar una casa hasta que noseabmayor y me vaya a vivir a la playa’. Solo después de enviarlo me doy cuenta de las erratas y de la poca seguridad que tengo en mi propio sueño. Y entonces me acuerdo de esta fotografía sobre la que una clienta de la churrería llamó nuestra atención pensando que podría servirnos de inspiración. Una casita en el campo. Tan lejana como mi sueño. Tan lejana como la posibilidad de perder mi trabajo, como la posibilidad de que me suban el alquiler, como la posibilidad de empezar de cero otra vez. Y aun así, puedo ver con claridad sus cuatro paredes, su puerta, su ventana y su chimenea a la sombra de un árbol. A la que no veo es a mí.

Después de enviarlo me doy cuenta de las erratas y de la poca seguridad que tengo en mi propio sueño

Así que tomo la fotografía y la pego con un poco de celo dentro del armario que nunca abro. Y pienso que dentro de unos años, el día que me decida a explorar todos esos cajones, recordaré que durante un segundo me imaginé sin miedo a perder mi trabajo, sin miedo a que me suban el alquiler, sin miedo a empezar de cero.

Me alegro de que no entres en lo de la compra, y más de que tengas un sueño tan ilusionante. De nuevo, mi padre, en un perfecto uso del lenguaje, me escribe con la seguridad que a mí me falta. Y tras cerrar la puerta del armario de un portazo, pienso cuánto mejor sería si esa seguridad me la devolvieran los hijos de puta que me la han robado.*

*Texto publicado en la web cuentoscomochurros.com el viernes 18 de mayo de 2017.

Anterior noticia
Siguiente noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: