Mi ojito derecho /
Clorinda Power

Mi instinto maternal se teledirige, él solito y exclusivamente, hacia mis plantas y hacia Marco Garay Rujano, un milennial de 23 años que se fue a vivir a Oporto hace cuatro meses con un par de pies planos y otro de pantalones pitillo. Nos dejó la oficina (y la casa) con un vacío del tamaño del hueco del ascensor.

Pero como nosotros somos mayores y él pequeño, el que tenía que tener miedo cuando se marchó era él. ¿No os pasa que cuando el de enfrente tiene más miedo que vosotros, a vosotros se os esconde un poquito el vuestro y os volvéis valientes? Así, de repente. A mí me pasa. Me pasa que se me pone la voz muy grave y el cuello se me estira y entorno los ojos y suspiro como si estuviera muy cansada y doy los consejos de mierda que me dieron a mí y acaricio caras y prometo que todo va a ir bien aunque lo que en realidad estoy pensando es que ojalá todo vaya bien que, si lo piensas, no tiene nada que ver.

Desear que al otro le vaya bien es como coser tu nombre en su mochila. Ponerle un parche a la tela antes siquiera de que ésta se desgarre. Que, dicho así, parece demasiado protector pero que en realidad es muy útil y muy humano y muy de madre, porque ese parche sirve para que su portador te llame cuando le apetezca, para que no te llame si no le apetece, para que no le dé vergüenza pedirte algo, para que le dé mucha menos vergüenza aceptártelo.

Marco nunca me ha pedido nada excepto mi tiempo. El tiempo se gasta, yo lo gasto continuamente, y él me hace sentir que cuando se lo doy, mi tiempo es oro y el suyo también. Es listo Marco, sabe perfectamente con quién juntarse. Por eso le deseo que le vaya bien. Y porque tengo demasiadas plantas a las que atender, también.

Lleva mi nombre en su mochila, si le veis, saludadle, es probable que ese día sea para vosotros uno de los mejores de la semana (¡del mes!). Pero tened paciencia. Mañana viene desde Oporto a visitarnos. Y creo que vamos a tardar un ratito en soltarlo.


1 COMENTARIO

  1. Waooo soy la mamá de Marco y tus palabras solo han confirmado lo que siempre he sabido, mi niño deja huella por donde pasa y le pone unas ganas a la vida…
    Que puedo decirte: GRACIAS por quererlo tanto y por hoy hacerme sentir más orgullosa de él cada día.

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