Lunes de papel
Emilia Guijarro

Poco podía imaginar Lucía Carpintero cuando salió de Pajares de la Lampreana que volvería a ella para ser enterrada cosida a puñaladas. Lucía y Antonio su marido, otro emigrante del sur de España, eran un matrimonio honrado y trabajador, que como tantos otros llegaron a Bilbao en los años 60, para huir de la pobreza. Se asentaron en el barrio de Ocharcoaga, en las afueras de Bilbao. Un barrio que nunca fue fácil, allí una amalgama de emigrantes y población marginal que procedentes de la erradicación del chabolismo, formó un enclave social con características propias, que ha ido evolucionando con el tiempo. Uno de esos barrios, que existen en todas las ciudades, donde hay que extremar las medidas educativas con especial hincapié en los niños y jóvenes de familias marginales.

Hoy, a causa del asesinato del matrimonio de ancianos, sabemos que hay treinta niños perdidos, niños tutelados por la Diputación Foral de Vizcaya, de los que nada se sabe porque un buen día se escaparon de los Centros de Menores en los que estaban acogidos y a los que han llegado por la desprotección en la que se encontraban, y cuyos casos habían caído en el olvido y en la dejadez administrativa.

El sistema de protección ha fallado estrepitosamente

Ahora que tenemos más datos de ellos, sabemos que algunos, con doce y catorce años tienen historiales delictivos más voluminosos y graves que los de delincuentes de treinta años, que han cumplido condenas.

El sistema de protección ha fallado estrepitosamente, han tenido que morir dos ancianos y un exfutbolista, ha tenido que ocurrir una violación en grupo de una niña, y dejar tuerto a un chaval después de una brutal paliza, para que la fiscalía curse las órdenes de búsqueda y localización. Esos niños, como les llaman, son un peligro público. Los hechos lo avalan y su historial delictivo ha ido en aumento, por lo que las Administraciones tienen que actuar con rapidez y justicia, con coordinación y recursos, porque cuando no se invierte en educación y servicios sociales irremediablemente se acaba invirtiendo en cárceles.

Aquí ha habido muchas víctimas, pero entre ellas también tenemos que incluir a los menores y preguntarnos que vida han llevado hasta llegar a convertirse en lo que hoy son, unos peligrosos asesinos.


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