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Historias de Plutón /
José A. Secas

Embebidos en un carácter optimista y positivo, algunos iluminados han llegado a creerse eso de que basta con desear algo con fe y perseguirlo con tesón para ver cómo se hace realidad, cuando, mirando hacia atrás (con algo más que nostalgia), cualquiera se puede dar cuenta de la cantidad de sueños rotos y de planes incumplidos que van quedando en la cuneta. Para algunos (yo por ejemplo), esta circunstancia de aspiración permanente (con desiguales resultados), no deja de ser -viendo la botella llena- una fuente permanente de experiencia y sabiduría. El superar la frustración o el aceptar que hay quimeras imposibles de alcanzar engrandece el alma y “hace callo” para enfrentarse al siguiente sinsabor que te traiga la vida; pero algunas veces (uf), esto se vuelve pesado y (al menos yo) me aburro de ser un optimista impenitente y un levantador de perdices (sin cazarlas; que es lo malo).

La conexión entre los soñadores, creativos e idealistas con los bocazas, fantasmas y liantes es muy grande y los límites se traspasan sin dificultad; basta simplemente con una opinión de quien sea a favor o en contra de una propuesta o una idea, para que el desequilibrio rompa la trayectoria de ese plan y se vea impulsado o abortado. Así de duro es el asunto. Cuando te dedicas con asiduidad a “emprender” (no solo en el ámbito empresarial) desde siempre, con entusiasmo e ilusión y has conseguido poner en marcha ideas de todo tipo, has montado estructuras empresariales o sociales, has liderado o impulsado proyectos culturales, laborales o personales; el coste para llegar a ver alguna de estas iniciativas en pie suele haber sido muy alto (ya te digo yo que si). Si a esa proactividad vehemente le unes una capacidad de dispersión ciertamente perniciosa, el balance suele ser desalentador; pero solo para mentes apocadas y espíritus pusilánimes. Algunos nos sentimos inmunes al miedo al fracaso e inasequible al desaliento (otros nos llaman inconscientes).

Los que somos unos lanzados no necesitamos que nos toquen las palmas. Las oportunidades hay que aprovecharlas cuando aparecen y, como no podemos predecir el futuro, cualquier idea, proyecto o plan es una oportunidad en sí misma. Las cosas que no se intentan no se consiguen. Es preferible aprender de los errores cometidos en un camino (equivocado o no) hacia un fin anhelado que quedarte con las ganas o ver como otro lo hace. Si a todo esto le añades un espíritu progresista y bienintencionado y consigues poner esa creatividad y entusiasmo en favor de otras personas y otras ideas, el resultado es alentador y vivificante. Últimamente comparto y disfruto de un proceso de puesta en marcha de una idea ajena y veo a todos los involucrados nos satisface pertenecer al equipo impulsor. Con los años, la tendencia lógica es irse cargando de humildad y sencillez. Ese es el caldo de cultivo perfecto para generar y hacer crecer al bien y al amor. En ello estamos. Dará sus frutos.


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