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Simone Veil. La prisionera 78651

Lunes de papel
Emilia Guijarro

Hoy mi columna quieres ser un homenaje a Simone Veil, una mujer símbolo de los avatares por los que ha pasado Europa en el Siglo XX y en la primera parte del XXI, a la que tuve el privilegio de saludar y escuchar, cuando el año 2008 recibió por parte de la Académica Europea de Yuste el premio Carlos V, en honor a sus méritos en la lucha por el avance de las mujeres.

Hace dos semanas, Francia rindió homenaje a esta mujer magistrada, política, pensadora, feminista, y víctima del Holocausto, que nunca quiso borrar de su brazo el número 78651 que le tatuaron los nazis a su entrada en el campo de concentración de Bergen-Belsen, porque cuando fueron liberados su única obsesión era contar lo que allí había sucedido para que la historia no volviera a repetirse.

Ya descansa junto a su esposo en el Panteón, el templo laico en el que se honra a los grandes de la patria. Francia expresa con este gesto “el inmenso reconocimiento del pueblo francés a una mujer extraordinaria”

Su vida ofrece a nuestros ojos los abismos a los que un ser humano nunca debió bajar, pero que con una fortaleza extraordinaria fue superando hasta llegar a ocupar altas responsabilidades políticas, en las que destacó por su feminismo y por su europeismo.

Su fuerte compromiso político le hizo aceptar la cartera de Sanidad y desde ella despenalizar el aborto, enfrentándose a muchos sectores de la sociedad francesa, pero la cifra de más de trescientos mil abortos clandestinos y sus graves consecuencias para la salud de las mujeres, le hizo mantener el pulso.

En 1979 fue la primera Presidenta del Parlamento Europeo y, según sus propias palabras, la construcción europea hizo que se reconciliara con el siglo XX.

Ha recibido en vida numerosos reconocimientos, entre otros el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. La lista es interminable. Y ahora descansa, para la eternidad, en el Panteón junto con otras cuatro mujeres, en un templo en cuyo frontispicio todavía se sigue reconociendo solo a “los grandes hombres de la patria”.

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