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Se cierra

Los últimos datos del paro en Extremadura son medianamente positivos, o menos malos, como ustedes prefieran ver el vaso. Casi 2.000 personas encontraron trabajo durante el mes de febrero. Proporcionalmente mucho más afortunados los de la provincia de Badajoz que los de Cáceres. Por sectores, los servicios y la agricultura generaron la mayor parte de nuevas ocupaciones. Esto demuestra que la mayoría de este trabajo vuelve a ser coyuntural y estacional, en función del repunte de la temporada. ¿Cómo conseguimos revertir este proceso de destrucción de empleo? Olvídense por un momento que la administración saca a concurso plazas, que no se convoca empleo público. ¿Qué tipo de región estamos construyendo? ¿Una donde los jóvenes emigran y los comercios cierran? ¿Cómo garantizamos el futuro de las generaciones que están creciendo en nuestros pueblos y ciudades? Estamos muy preocupados por el despoblamiento, pero no tomamos medidas reales que frenen la fuga de talento.

Con una población envejecida y con escasas oportunidades de empleo, a los jóvenes extremeños sólo les queda la opción de buscar su desarrollo profesional —y por ende personal— más allá de nuestras fronteras. ¿Cómo podemos evitarlo? ¿Cómo podemos convertir un desierto sin esperanza en un vergel ilusionante? Empecemos por reinventar nuestro entorno, por deshacer las leyes inmovilistas, por cambiar normativas absurdas. Revitalicemos la ciudad abriendo los espacios cerrados. Demos facilidades a la instalación de nuevas empresas, liberemos suelo, flexibilicemos lo rígido…

Miren a su alrededor. ¿De verdad alguien se cree que Cáceres pueda convertirse en ‘La Ciudad de las Compras’? Solo hace falta darse una vuelta por el centro para ver la epidemia de ‘se vende, se traspasa, se alquila’. La ciudad está dejando de ser interesante porque el poder adquisitivo está mengüando. Hay poca gente, y la que aún permanece no mueve el dinero. Locales céntricos cerrados y abandonados, que otrora fueron un reclamo para visitantes. El antiguo Coliseum, la Sala Capitol, el Albarregena y sus Caballerizas… Espacios emblemáticos que muestran la desolación del vacío. Algunos porque están en manos de fundaciones e instituciones públicas que han perdido la capacidad de tomar decisiones, pero otros, en manos de propietarios que piensan que Cáceres es como Manhattan o París y pueden pedir los mismos alquileres. Bien haría el consistorio en barajar una medida que incentive esas aperturas, pues de lo contrario el turista sentirá que viene a una casa donde todo permanece cerrado. Y eso no invita ni a gastar ni a quedarse.

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