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…lo que se da no se quita. La frase le viene al pelo a la exalcaldesa de Valencia, aquella que lo ha sido todo en el Partido Popular y que recibía con inusitada expresividad por parte de su jefe Mariano Rajoy cariñosas alabanzas del tipo “¡Rita, eres la mejor!” comprueba atónita cómo sus antiguos colegas reniegan públicamente de ella. No sabemos si porque hay un altísimo índice de probabilidades de que esté implicada en las tramas de corrupción valencianas (de momento está únicamente siendo investigada) o porque su salida del partido les garantiza que ya no atizan a uno de los suyos. Lo mejor de Rita no es que haya abandonado el Partido Popular, sino que demuestre una absoluta verdulería monárquica para conservar su acta de senadora y trasladarse al grupo mixto con un incremento de sueldo. ¡Sí, lo han oído bien! En la bancada del popurrí territorial se llevará a su casa más billetes al mes. Conservar a toda costa el aforamiento es lo que tiene, a veces los daños colaterales traen consigo beneficios inesperados.

En las antípodas de la repulsa popular está el tratamiento que los altos cargos del PSOE dan a la solicitud de la Fiscalía de 6 años de prisión para Griñán y 10 de inhabilitación para Chaves por el caso de los ERE de Andalucía. Susana Díaz dice seguir “confiando ciegamente” en su honestidad y espera que todo se aclare lo antes posible. Así pues la pregunta es ineludible: ¿Por qué a determinados políticos se les defiende incluso después de haber sido condenados y a otros se les lanza a los leones bajo la más mínima sospecha? En el juego de poder y equilibrio cualquier navajazo, por leve que sea, puede desencadenar una hemorragia. Analicen el caso de Bárcenas, que fue arropado incluso después de haber salido a la luz la contabilidad B del partido.

Suelen decir que los peores enemigos están dentro del partido y con cada nuevo caso de corrupción y los encausamientos del ministerio fiscal lo comprobamos. Las luchas internas por suceder a uno u otro candidato, los ceses fulminantes o las presencias repentinas en las listas convierten las intrigas palaciegas de Gran Hermano en un juego de niños comparado con las confabulaciones del pasillo del Congreso. Quizá esos mismos elucubradores y conspiradores puedan verse estos días durante el rodaje de “La Catedral del Mar” en Cáceres, pues nuestra querida ciudad se convierte en la Barcelona medieval, cuna de pasiones y traiciones. Dice el ayuntamiento que no pagan las tasas por ocupar la vía pública debido a la proyección que tienen para la ciudad sendos proyectos, aunque el Obispado ya ha sugerido que colaboren con algún donativo por servirse de la fachada de la Preciosa Sangre y de Santa María para ambientar tan fastuosas series. Piensan, acertadamente, que una cosa es la santidad y otra la caridad.


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