Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

Sergio, el otro día, tras un muy buen partido (no siempre son así, y no hablo solo de resultados) contra la Universidad de Granada, me dijo, “ahora que España se ha clasificado para el Mundial de Rugby de Japón, y con la cancha que algunos medios de comunicación nos van a dar, podrías escribir una columna en el Avuelapluma”. Lo tenía pensado hacer de todas formas, pero no le encontraba las vueltas al asunto, no sabía (no sé) si hacerlo, escribirlo como forofo, como exjugador (juvenil), o como cronista/crítico/observador/“filósofo”/“psiquiatra”, pero una cosa sí les diré, Sergio tiene un porrón de años (¿puedo decir cuántos, amigo?) y está en el Extremadura.CAR.Cáceres desde sus inicios, 1981, y sigue jugando, contra Granada lo hizo de “flanker”, a sus 62 tacos jugó en un partido de División de Honor B de la Liga Nacional de Rugby de España, ¡¡¡chúpaos eso, furbolistas!!!, y además cuida y prepara el material (¡joder, qué pesaíto se pone con los balones!) y pinta el campo antes de los partidos…

No repetiré la manida frase, “un deporte de bárbaros jugado por…”

Después de veinte años, que según el tango no son nada, España vuelve a clasificarse para un mundial de Rugby, y está genial eso del mundial, pero para mí, que soy más de club que de selección, lo que me parece genial no es ir o no ir al Imperio del Sol Naciente a jugar al rugby, sino los “ideales” de este deporte, y no repetiré la manida frase, “un deporte de bárbaros jugado por…”. Respeto a tu equipo, no mientes en el campo porque pierden tus compañeros; respeto al contrario porque sabes que ellos también están pasando, o han pasado, o pasarán por lo mismo que tú; respeto al árbitro porque está ahí para facilitar el juego, aunque se confunda; respeto por lo que haces, jugar al rugby, porque otros están haciendo lo mismo que tú (dar y recibir)…

Las arengas de los capitanes (de rugby) me dan un poco de vergüencita ajena (eso de creerse herederos de no sé qué rey de Escocia me turba), y recuerdo una escena: un “pilar” se estaba colocando unas vendas en las muñecas, el grito de ánimo justo antes del partido había comenzado y todos estaban agarrados entre sí y él seguía a lo suyo, ni siquiera vociferó, pero en el campo lo dio todo, y más, y no faltó a ninguna cita, ni con sus compañeros, ni contra sus adversarios. En eso se basa el rugby, en el compromiso, hagas lo que hagas antes y después del partido (que se termina, por cierto, con cervezas entre los dos contendientes).


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